domingo, 29 de julio de 2012

Capítulo 1-Maya

Por Dios. Estoy pidiendo socorro en morse (Pi pi pi piiiii piiii piiiii pi pi pi) tamborileando los dedos en el pupitre. De un momento a otro me dormiré, y eso no puede ser bueno de ninguna de las maneras porque:

1-Babeo cuando duermo
2-Si babeo se me mojan los apuntes
3-Si se me mojan los apuntes luego no puedo estudiar
4-Si no estudio no tendré trabajo
5-Continúa sacando conclusiones hasta llegar a mi muerte
6-Hay un tío bueno aquí al lado y no quiero que me vea perdiendo agua como un grifo mal cerrado
7-Estoy muy ocupada mandando señales de socorro en morse
8-Y observando deliberadamente al tío bueno de al lado

Así que no, no me voy a dormir. Bostezo con un disimlo más que practicado y vuelvo a desviar mi mirada hacia el reloj de la pared. Queda más de media hora para que suene el timbre y haya cambio de clase. Quiero golpear mi cabeza contra el pupitre, pero no lo voy a hacer por los puntos 6 y 7 de la lista más arriba.

Amantes de las ciencias sociales, disculpadme, pero es que no hay un modo más cruel de agonizar que escuchando los tediosos monólogos de la Pérez, la profe. Mucho menos si dicho discursito trata de los tipos de cáncer que pueder tener si llevas un mal estilo de vida y, lo siento mucho, no voy a dejar de fumar.

No creas que soy una "chunga". No. Pero hay una cosa que se llama estrés y otra cosa que se llamapresión. Y de eso en mi casa hay mucho. Vamos a ver, siendo mi madre directora en la sección de pediatría de un hospital y estando mi padre impartiendo clases de filosofía en la Universidad, como buen catedrático, lo natural es que se espere de mí que rinda mucho en los estudios, saque unas notas del copón, no cojee en ninguna asignatura... Pero va y resulta que ¡oh, Dios mío!, soy una negada para física y química. Lo que no es de gran ayuda. El año pasado estuve bajo tanta presión por sacar una buena nota, dejándome los codos (cuando otras se dejan las rodillas...) y, en fin, estresada como una mala cosa, que no se me ocurrió otra cosa que coger un cigarro y un mechero y dar la primera calada. La falsa sensación de alivio llegó a mi cerebro de inmediato. Y desde entonces fumo.

Pero tú te estarás preguntando: "¿Y por qué habla de cáncer si es una clase de sociales?". Yo te lo digo: motivos por los que las mujeres mueren antes. Se ve que hemos adoptado costumbres (malos hábitos) que antes sólo hacían los hombres (véase fumar, beber y un lárgo etcétera). Así que es normal que el crecimiento demográfico cambie.

Menos diez. Me muero por echarme un piti.
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Como todas las cosas, el timbre, aunque tarda, acaba por sonar. Me voy clandestinamente a los lavabos (están tan sucios que nadie los usa) y enciendo el cigarro. Le doy una calada con urgencia y echo el humo lentamente. Quiero absorber hasta el último gramo de nicotina. Con ansias, que calada a calada van decreciendo, me termino el cigarro y lo echo al váter. Tiro de la cisterna con cuidado de que la mínima parte de mi piel posible toque su superfície mugrienta. A ver cuándo el personal de limpieza se pasa por aquí, pienso.




Me lavo las manos y me aclaro la boca, para que nadie ose decirme: "¡Eh, tía, te huelen las manos a tabaco! ¿Tienes fuego?". Más que nada porque:

1-El tabaco está caro
2-No quiero quedarme sin gas
3-El tabaco está caro
4-Es MI vicio
5-Y lo calmo con MIS cigarros
6-No quiero que se sepa que fume
7-Porque sino no podré hacerlo tranquilamente
8-¿He dicho ya lo caro que está el tabaco?

Me siento en la mesa a la espera de una interesante clase de ética. Cuando soy aplicada, soy aplicada, y va y resulta que esta asignatura se me da estupendamente, me parece apasionante y me encanta.

Hoy hablamos del feminismo y el machismo. Pues que se preparen, porque soy muy feminista, y al menor chiste misógino los calcino a todos echándoles una de mis famosísimas miradas verdes fulminantes.

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La clase ha pasado volando. Me lo he pasado estupendamente. Salgo del instituto cargada como una burra por todos los libros que llevo, y me encuantro con Clara, que me está esperando. Clara es mi amiga de toda la vida. Está como una cabra, pero no es ni la mitad de rara que yo. En cambio, cuando quiere, es la mar de sensata.

-¿Qué tal?
-Contentísima. Hoy Álex ha estado hablando conmigo un montón de rato, y es tan mono, está tan bueno, es tan guapo...-Álex es el chico que la obsesiona. Hace unos dos meses que está enamorada perdidamente de él, y tal y como van las cosas, acabarán saliendo juntos. Lo que es bueno y malo a la vez, porque voy a tener que estar escuchando sus historias romanticonas sobre las maravillas del chaval. Como ahora, pero más exagerado, porque habrá que añadirle los besos, las veces que estén juntos y multitud de adiciones más que vienen cuando te echas novia.
-¿Hay algo suyo que no sea perfecto?
-¡Nooooooooooooooooooooooooo!-y suspira como una boba.
-Estás fatal.
-Estoy enamorada...
-Sí, y con el amor llegan las camisas de fuerzas.
-Loca por él...
-¡Despierta!-le doy una manotazo.
-Bueno, qué te iba a decir... ¿Esta tarde puedes quedar?
-Sí, pero con una condición: no quiero oír NADA sobre él.
-Qué difíciles pones las cosas...

¡Lo que hay que aguantar!

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