domingo, 19 de agosto de 2012

Capítulo 9-"Scattered" and "Redundant"


-¿Scattered?
-Bueno, llevo ya un con las clases de canto. ¿Tú crees que puedo?
-Obviamente-me dice Lara, con su habitual sonrisa amplia y amable. Entonces nos callamos porque los gemelos habituales acaban de subir al escenario. Les escuchamos cantar su versión de Our Day Will Come, de Amy Winehouse, y después sube un hombre de unos cuarenta años largos y canta Black is Black, de Los Bravos, y debo admitir que lo hace con mucha gracia. Después llega mi turno. Me aliso la camiseta de Green Day que llevo debajo de la sudadera ( y para justificar cualquier problema con temas de copyright) y subo al escenario.
-Well, I've got some scattered pictures / lying on my bedroom floor / reminds me of the times we shared...

Para cuando acabo, una ovación hace que me salten los colores. Los ejercicios de proyección de la voz y de respiración han dado sus frutos, y se nota. Mi voz suena con el mismo timbre, pero ahora es más alta y clara, más potente. Del mismo modo ahora puedo alcanzar tonos y notas más graves y más agudos. Estoy muy satisfecha con los resultados.

-Graba un disco.
-¿Con cincel?
-Imbécil-se ríe Lara-. ¿Sabes qué? Soy candidata para un concurso comarcal de matemáticas.
-¿Qué?
-Si... Mi nivel es realmente bueno.
-¡Modesta!
-No, sabes que no-sonríe-. Al parecer, soy la que tiene mejor nivel de todo el instituto...
-¿Más que de Bachillerato?
-Sí, pero me presento a la de Segundo Ciclo de ESO.
-Oh... Bueno, ¿y qué más?
-Se trata de superar unas pruebas de aritmética, álgebra, geometría... De lógica, vaya. Y participa gente de toda la Comunidad Autónoma-hago una mueca.
-¿No será difícil?
-Bueno, alguien tiene que ganar, ¿no?-dice ella con su optimismo arrollador.
-Por supuesto, y tienes muchos números.
-Qué graciosa-ni me había dado cuenta del chiste fácil.
-¿Y hay premio?
-Sí. Vales para libros.
-Lo típico...
-Y una gratificación económica de 500€ si quedo primera.
-Espera, espera... Rebobina-digo, sonriendo.
-Sí. Si quedas segundo, 300€ y si quedas tercero 100. Está bien, ¿eh?
-Está... de puta madre-reímos-. ¿Y cuándo participas?
-En tres semanas.
-Ojalá ganes-le digo, sinceramente-. Aunque pocas mentes tan brillantes como la tuya hay.
-Aduladora...
-¿No eras tan inmodesta?
-Bah-sacude la mano y se las seca del agua. Hoy su hermana Sandra se quedaba a casa de una amiga, y Lara trabajaba hasta esta hora-. Ahora vuelvo.

La espero mientras me pongo la sudadera. Me dirijo a la puerta, y las nubes grises que se amontonan en el cielo me hacen sospechar sobre un próximo chaparrón primaveral. Es lo que tiene marzo. En marzo, aguas mil. Y me da igual que el dicho popular no sea así, pero en marzo también llueve, lo mires por donde lo mires. Vuelvo la vista hacia el tibio local. Lara aún se está cambiando de ropa. Me entretengo haciendo listas de cosas absurdas, como acostumbraba a hacer el año pasado. Últimamente no tengo tiempo ni de aburrirme, así que lo de hacer listas de ocho cosas está quedando en el pasado.

Cosas que me caracterizan (actualmente):
1-Ojos verdes (tan pronto abrasan, hielan).
2-Sarcasmo e ironía más que evidentes.
3-Tabaco. Un sello distintivo (y caro).
4-Adicción a escuchar música y afición de cantar.
5-Enamoramiento a largo plazo de Óscar
6-Confusión respecto a Lucas, el tío bueno.
7-Ganas de alejarme de Clara cuanto más, mejor, y al mismo tiempo, sentimiento de protección hacia ella.
8-Suerte por haberme encontrado con Lara y Eric.

Salimos juntas. Andamos unas cuantas calles hablando de todo. Nos despedimos, y ella se mete en la boca del metro. Yo sigo caminando sin dejar de mirar al cielo ceniciento. Doblo una esquina. Se cumplen mis pronósticos y empieza a llover. La gente se apresura por llegar a alguna parte. Las figuras andantes en la calle van bajo sus paraguas. Maldigo mi sudadera por no tener capucha. De todos modos, dejo que las gotas mojen mi cara. Estoy demasiado feliz como para ponerme a lloriquear. Me pongo a canturrear ¡Viva la Gloria!, y después Redundant, de Green Day. La lluvia va agravándose y las gotas son más gruesas, empezando a ser molesta. Los paraguas, los impermeables, las capuchas van y vienen, y los coches salpican al pasar sobre los charcos que se forman a los lados de la calzada. Entre toda esa gente me fijo en una pareja, acurrucada bajo una cornisa. Parece que tengan todo el tiempo del mundo el uno para el otro, parece que les da igual lo que sucede a su alrededor. Sólo están ellos. Se besan, y yo sonrío. En un mundo a rebosar de odio, encontrar el amor debe ser algo bonito. Es algo precioso, como si caminas sólo en una noche oscura, fría y angosta por Barcelona, y te sientes solo. Como si llegaras a la fuente de Montjuïc. Te quedas pasmado ante el espectáculo de agua y colores, y miras a la gente que se reúne para hacer lo mismo que tú: mirar y admirar, aunque sea sólo un instante. Y entonces dejas de sentirte solo. La melena alborotada rubia del chico se aparta de la cara de la chica, y se sonríen con un deje soñador. A través de los cristales de las gafas de él, puedo ver cómo la mira, de un modo con el que yo he soñado que me mire, y cierran los ojos. Se susurran, y ella se azora. El beso aún está fresco, en el aire. Mi visibilidad disminuye al tiempo que se me empañan los ojos de lágrimas. Mi sonrisa es un juguete roto. Las lágrimas se funden con la lluvia. Puedo ver que la pareja se va a resguardar, corriendo por los charcos de la mano. Me quedo parada en la calle, entre el tumulto de gente que choca conmigo. 



Ojalá me traspasaran. No hay ni una buena cara. Me muerdo el labio y, entre sollozos y en voz baja, canto el estribillo.
-Now I cannot sleep, I've lost my voice, spechless and redundant, 'cause I love you is not enough, I'm lost for words...

No sé cuánto tiempo sigo ahí parada. La calle se vacía un poco, porque no hay mucho sitio para no mojarse. Me siento destrozada. Mi corazón ha sido masacrado. Lo han arrojado a las vías del tren. Le han asestado numerosos hachazos. Se han divertido ahogándolo y magullándolo, acabando en una nefasta sangría. No sé cómo aún late. Entonces deja de llover sobre mí. Alzo la vista y, entre lágrimas, veo un paraguas que me cubre.
-¿Te acompaño a casa?-dice una voz profunda y cálida. Aspiro. Huele a lluvia.
-Me sentía especial, y sólo soy otra ilusa-le digo a Lucas mientras me seco el reguero de lágrimas.
Caminamos sin hablar, y yo sólo lloro en silencio. Siento que todo carece de sentido. El dolor es tan apabullante que me llena el tórax y no puedo apenas respirar. Intentando calmarme, trato de verlo todo desde otra perspectiva, mientras las lágrimas siguen rodando por mis mejillas. Estoy empapada, y me está dando frío. En el fondo tiene gracia. El amor es una gran mierda, pienso. Entonces sonrío interiormente, porque por fuera no puedo hacerlo. Ha bastado un instante para que mi opinión cambie. A la mierda todo. Ni la puñetera fuente de Montjuïc me animaría. Carraspeo, y dejo de mirar al suelo. Ya que me siento hecha una mierda, voy a sentirme hecha mierda mirando al frente. Intento encender un cigarro, pero las manos me tiemblan demasiado. Al final lo enciende Lucas, y me lo pone en los labios mientras doy una gran calada. Entonces me acuerdo del sobre que le di a Lara para Lucas, y me pregunto si lo habrá abierto. Dentro había una foto de mí cantando, cigarro en mano. Llevaba una cazadora tipo aviador y estaba sentada en un banco. ES, posiblemente, la mejor foto que me han hecho nunca. La tomó Clara, y está en blanco y negro. Ojalá pudiera sentirme tan bien como estaba en el momento de la foto.
-Maya-dice Lucas en voz baja, viendo que me he calmado un poco, aunque sigo llorando. No quiero imaginarme qué pintas llevo: ojos enrojecidos a juego con el resto de la cara, las pestañas pegadas entre ellas por las lágrimas, la cara casi erosionada de tanto agua, los labios un poco hinchados... Un panorama patético.
-¿Qué?-le pregunto, mientras sorbo. Le miro a la cara, y me mira cómo preguntándose el qué-.  Le quiero desde hace tanto tiempo... Y ahora parecía que, quizás... Soy estúpida-me río y sollozo de nuevo. Él me mira fijamente, como el primer día, pero esta vez aparto la mirada al suelo, y después vuelvo a mirar de frente.
-Llora todo lo que necesites.
-Lo raro es que ahora no esté más seca que una pasa, he agotado todas las reservas de agua-digo, destilando mi sátira habitual-. Soy gilipollas, de verdad. No hago más que hacerme ilusiones y...
-¿Y?-inquiere, con voz calmada.
-Y además estás tú-digo, mirándole a los ojos. Lo suelto con tanta parsimonia y tanta seguridad que, en mi fuero interno, me quedo pasmada-. Te ví aquél día y ya no puedo dejar de buscarte, vaya dónde vaya. Óscar...-suspiro-. Llevo tanto tiempo queriéndole... Y apareciste tú, y todo dejó de tener pies y cabeza. También eres otra ilusión, vamos que si lo sé. Es que le quiero, Lucas, por eso lloro-digo, amargamente. Me aclaro la garganta y sorbo de nuevo. Me seco la cara y me aparto el flequillo de los ojos-. Es otra ilusión, como tú. Y a ti también. También te quiero-me quedo en silencio, meditando, y después digo las palabras que, posiblemente, sean las más sabias y las más ciertas que jamás hayan salido de mis labios-: Soy una imbécil más. Doblemente-me lamo los labios, que, como pensé antes, están secos. Seguimos andando en silencio hasta llegar al portal de casa de papá. Me quedo parada, observando su gesto dulce. Inconscientemente, levanto una mano hacia sus labios, pero se paraliza antes de rozarlos siquiera. Es como si, de repente, me diera cuenta de todo. "¿Qué estoy haciendo?", me pregunto. Entonces me tiembla el brazo y lo dejo caer, abatida. Agacho la cabeza, pero la mano suave y firme de Lucas me toma de la barbilla y me hace mirarle directamente a los ojos. Parece que lea en mí. Entonces se inclina hacia mi cara y deja un beso muy dulce en mi mejilla. Me tiende un sobre mientras se muerde el labio por dentro. Sé lo que es la incertidumbre. Cree que no me doy cuenta, pero sí. Nos miramos de nuevo. Entonces me aparta el flequillo de la cara, y me mira. Parece que quiere decir algo, pero no despega los labios. Entonces se da media vuelta y se pierde en la lluvia. Me quedo paralizada un momento, pero vuelvo a poner los pies en la tierra y abro la puerta y subo los escalones. Papá ha dejado una nota:

Salgo a cenar con una amiga, Maya. La cena está en la nevera, envuelta con film transparente. Cuando llegues a casa hazme una perdida.
Te quiero,
Papá

Cojo el teléfono y marco el número. Apenas lo dejo sonar una vez, y cuelgo. Me desnudo y voy a la bañera. Estoy triste y cansada, parece que he envejecido mil años, aunque, curiosamente, estoy muy en calma. Me meto bajo el agua, y esta vez la lluvia que sale de la alcachofa de la ducha está muy caliente. Me quedo ahí, de pie, sin hacer nada, dejando que los pensamientos vayan y vengan por mi mente, sin entretenerme en nada. Me enjabono y le lavo el pelo. Aún me quedo un rato más en la ducha, hasta que decido salir. Me recorre un escalofrío, que hace que se me pongan de punta todos los pelos del cuerpo. Me seco y me pongo las bragas. Después me pongo el pantalón del pijama y una camiseta vieja de Rancid. Me desenredo el pelo y lo peino. Entonces, me quedo mirando mi reflejo. Todo estña muy silencioso, casi puedo oírme respirar. Examino mis ojos verdes, con las pestañas tan negras y espesas como mi pelo. La nariz, más bien grande y chata. Los labios rosados. Me miro, en el espejo, los lunares de los barzos. Soy yo. Quiero repetir el gesto de antes y alzar la mano para tocar el cristal, algo empañado y frío, pero en vez de eso toco mi mejilla caliente, justo donde Lucas ha dejado su beso. No puedo quitarme la maldita imagen de Óscar con su novia de la cabeza. Todo encaja. Nunca he estado ahí, nunca he sido yo. Mis dedos trazan un círculo en la mejilla. Aún puedo notar sus labios, palpitantes, posados sobre mi cara. Tan dulce, tan tierno, y tan efímero. En mi cuarto abro el sobre, y saco la fotografía. Es Lucas, vestido con una camiseta blanca y unos tejanos, sonriendo con un cigarro entre los dedos. Se nota que estaba intentando quedar bien en la foto, pero alguien estaba haciendo el imbécil por detrás de la cámara y quiso reírse. Es una foto preciosa. La coloco junto El Doctor, de Noah Gordon, en mi escritorio.

No ceno, no bebo agua, no pienso. Sólo me meto en la cama y miro la oscuridad de las luces apagadas de mi habitación. No quiero sino dormir y dejar que transcurran las horas, aunque, en realidad, no permitiría que eso pasara, porque hay una vida ahí fuera, y es la mía.

sábado, 11 de agosto de 2012

Capítulo 8-Verde árbol, verde marihuana


-¿Qué dices? Pues vaya amiga-me dice Lara mientras seca copas.
-Lo sé. Y mira que somos... éramos- me corrijo- amigas desde siempre. Y se le han pegado los modales de esas pavas... Y ahora es una impresentable. Ya no es ella.
-Entonces, si la echas de menos, sabes que lo que añoras es el pasado, no lo que es ahora.
-Sí...-me bebo el resto del batido-. Ayer estuve llorando todo el tiempo, pero hoy estoy tratando seguir como siempre. He estado hablando con Eric, "atendiendo" en clase, fumando, leyendo, escuchando música, cantando y...-me detengo y me pongo a mirar el fondo del vaso.
-¿Y?-inquiere Lara, mirándome un momento con media sonrisa y las cejas algo enarcadas.
-Y con Óscar-suspiro. Hoy, en la biblioteca, estaba bastante hablador. Me ha explicado cosas sobre su familia y sobre lo que él hace. Nos hemos reído y no ha parado de sonreírme, y tenía cara de bobo y una mirada especialmente brillante. Además, llevaba unas lentillas de prueba, y está aún más guapo, con esos ojos pardos, su pelo rubio, la pose desgarbada, la nariz recta y los labios finos... Le he comentado que le sentaba bien no levar gafas, y me ha explicado que la semana que viene le darán las lentillas para el mes entero, pero que estos días que vienen llevará gafas.
-Volveré a afearme, vaya-ha bromeado.
-Estás guapo de todos modos-he dicho entre risas y he conseguido que suene natural (no sé cómo). Hemos seguido hablando hasta que nos íbamos. Le he tendido uno de sus libros y, sonriente y con expresión soñadora, lo ha cogido. Ha sido sólo un instante, pero el roce de sus dedos sobre los míos ha sido como un chispazo electrizante. Es curioso cómo, cuando uno está enamorado, todos estos pequeños detalles cuentan y son algo memorabñe.
-¿Y el tío que viene por aquí?-pregunta Lara cuando acabo.
-¿Lucas?
-Es guapísimo.
-Sí... Y tiene una brillante conversación. El otro día estuvimos hablando de literatura un buen rato.
-¿Qué edad tiene?
-Veintisiete.
-¿¡TANTOS?!-se escandaliza.
-Sí. Yo pensaba que tenía diez menos.
-Y yo... Con esa sonrisilla, esos ojos...
-Esa barbita de tres días...
-Calla, que estoy en horario laboral...-se ríe-. Aunque debería haber sospechado sobre su edad, porque siempre va en camisa. ¿Qué clase de chaval va encamisado cada día?
-El otro día iba con sudadera.
-¿Yo libraba?
-Sí.
-Qué mala suerte.
-Era azul oscura. Le quedaba...-digo. Tiendo al melodrama, pero esta vez está más que justificado.
-Tiene pinta de cabrón.
-Sí, puede. Pero es que está tremendo...-Lara se ríe ante mi exageradísima expresión famélica-. Es muy inteligente.
-Eso parece. Tiene un humor similar al nuestro. En definitiva, sois almas gemelas-dice ella con voz de falsete y cara de pava. Nos reímos.
-De todos modos, nunca seré nada para él.
-Idiota-me salpica con agua-. Eres tan ababol como tu "amiga".
-¡Es verdad! Él es el tío...
-NO EXISTE EL TÍO PERFECTO-me corta.
-Lo sé. Iba a decir "óptimo". Es un espejismo.
-Pues va bastante detrás de ti... Oye, es muy guapo... Pero es que os lleváis doce años-dice, en un susurro apenas audible.
-Pero él no lo sabe.
-¿¡No?!-me mira atónita.
-No. Soy buena con las evasivas.

Hablamos un rato más. Me pregunto por qué Lucas y Óscar no están en mi mente al mismo tiempo. Si estoy con uno es como si el otro desapareciera. Es curioso que no pueda pensar en ambos a la vez, aunque lo mismo ocurre con Clara y Lara, a menos que decida ser cruel (y justa) y compararlas, aunque quizás es que no quiero acordarme de ella.
-Me voy, Lara. Vendré pronto.
-¿Te toca con tu padre?
-Sí-digo, mientras pago.
-¿Entonces no verás a Lucas?-me da el cambio.
-No, pero dale esto de mi parte-le tiendo un sobre-. Por favor-sonrío.
-No lo dudes-me guiña un ojo.
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Hoy voy con papá a la montaña. Solemos hacer excursiones juntos, y ya era hora de volver. Vamos con pantalones cómodos, sudaderas a la cintura y las camisetas sudadas de la caminata. Me fijo en que su barriga es menos prominente, y me imagino que no piensa quedarse soltero para siempre. Vamos hablando del instituto, mis clases de canto, las suyas en la Universidad, de cocina y de excursiones pasadas.

Una vez en la cima nos sentamos en la hierba fresca y conetmplamos montes cercanos, nubes, cielo y, en resumen, la naturaleza. Me harto a hacer fotos, y en las que salgo con papá son, o muy bonitas, o muy divertidas.
-Un pedazo de felicidad que recordar-le digo a papá con una sonrisa en el semblante.
-Lo importante es haberlo compartido contigo-me dice, y me abraza.

Me tumbo en el césped mullido y cierro los ojos, y noto la frescura del ambiente en mi piel, en todas partes. Respiro honda y lentamente. Aquí arriba parece que el tiempo transcurre más lentamente, que todo es más limpio. Es el lugar perfecto para pensar en todo y en nada, y yo escojo lo último. Armonía. Sólo las hojas meciéndose, el agua del lago creando ondas con el suave aire y yo.

Entonces la realidad vuelve a caer en mí con todo su peso cuando, al entrar en Facebook, veo unas fotos de clara fumando porros y con una cachimba. Strike 3 y eliminada. Me quedo de piedra. No soy la más indicada para hacerlo, pero en la soledad de mi cuarto, ojiplática y con la boca algo abierta, mi voz es un susurro entrecortado:



-Clara... ¿Qué te estás haciendo?

martes, 7 de agosto de 2012

Capítulo 7-"This time we'll blast it all to hell"


El sol calienta un poco. Ya va siendo hora, puesto que hace un par de días desde que entró marzo. Aún así, voy con el chaquetón, aunque las bufandas, los guantes y los jerséis han pasado a estar en las baldas mas altas de mi (o mis) armarios. Hoy voy con unos tejanos claros y largos, las Converse y una camiseta de media manga, blanca con rayas negras. Voy escuchando mi lista de reproducción de Green Day. All The Time se acaba y da paso a F. O. D. (Fuck Off and Die). Recuerdo que una vez Clara tuvo un disgusto muy grande con una chica a la que consideraba su amiga y que resultó no serlo, y le pasé esta canción. La iba canturreando en voz baja todo el tiempo, como hago yo ahora.

Let's nuke the bridge we torched two thousand times before, this time we'll blast it all to hell... I've had this burning in my guts now for so long, my belly's aching now to say...-y entonces viene el estallido de la guitarra eléctrica, el bajo y la batería, haciéndome sonreír.

Cerca de la entrada me encuentro con Eric. Últimamente alterno los deberes en la biblioteca con los deberes con él, porque cuando no entiendo algo de matemáticas, él me lo explica, y si él no entiende algo de francés, yo le ayudo. Él es lo que a mí me falta, y viceversa. Nos complementamos.

-Buenos días.
-Hola, ¿cómo estás?
-Bien, bien. ¿Y tú?
-Bien. ¿Escuchaste la canción que te dije?
-¿Cuál de todas ellas?
-Pues... todas ellas. O una cualquiera.
-The Judge's Daughter me gustó bastante.
-A mí se me ponen los pelos de punta, es asombrosa. Suena tan distinta a cómo suenan las de ahora...
-Pues sí. Y tú, ¿has escuchado 3000 flowers?
-Sí-digo, sin evitar una sonrisilla. El otro día Lucas me la enseñó, a mí y al resto de gente del café. Se sentó al piano y empezó a tocarle, y debo decir que sonaba de una forma tan suave que dolía-. Me encanta. Es como... No sé cómo explicarlo.
-A veces la única forma de explicarlo es la música.
-Puede ser-sonreímos-. Sí.

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Después de la última clase me acerco a Clara que, para variar, está sola en vez de con el grupo. Ya he dicho que el calor va llegando, pero parece que para ella es, por lo menos, mayo. Va con unos pantalones cortos (sin medias), unas bambas gruesas y una chaqueta de estas que parecen de plástico de Adidas, que tan de moda se han puesto. Toda ella parece una valle publicitaria. Está hablando por teléfono (su nueva Blackberry). Espero pacientemente a que acabe de hablar, y cuando cuelga se gira y me ve. Le sonrío amablemente, pone los ojos en blanco y se va. Corro hacia ella y le doy unos toquecitos en el brazo.
-Estaba esperando poder hablar contigo.
-¿Qué quieres?-pregunta, muy insolente.
-Hace días que no sé nada de ti. ¿Puedes quedar un día de estos?
-No-dice, rotunda.
-¿Por qué?-pregunto, notando que me pongo a la defensiva.
-Porque no quiero quedar contigo-sin darme tiempo a pensar ya pregunto el por qué de nuevo-. Pues porque eres una marginada muy sosa, y una pesada. Ahora déjame tranquila.
-¿Qué se siente al no reconocer la persona que ves en el espejo?
-Soy quién soy. Me arrepiento de haber pasado tanto tiempo contigo.
-Perfecto, te han lavado el cerebro y ahora eres otra más.
-Cállate, imbécil.
-Igual tengo que pagarte por discutir contigo, ¿no?-digo, señalando su escote.
-¿De qué vas? ¿Qué te crees, que puedes ir por ahí intentando parecerte a mñi o diciendo que tenemos algo en común?
-¿De qué coño estás hablando? ¡Te lo estás inventando todo!
-Que me dejes.
-No me tiembla el pulso en hacerlo. Ojalá te quedes sola y vengas a buscarme. Ese día sabrás en qué te has convertido.

Me alejo apresuradamente, aunque siento que cada pie me pesa veinte quilos. La música que retumba en mis tímpanos me impide oír algo más que no sea la sangre latiendo en mi sien. Y las lágrimas que a cuden a mis ojos empañan el mundo, y no puedo ver. Reprimo el temblor del labio inferior mordiéndolo con fuerza suficiente como para que sangren, aunque no llega a brotar ese líquido rojo. Voy lo más rápida que puedo en dirección a casa de mi madre. El sol brilla insultantemente, calentándome la espalda, y el cielo está despejado. Y se ha estropeado todo de repente. Mi tráquea se oprime por los lamentos que logro acallar. No lloro, no lloro, no lloro, sólo me fundo con la acera, con las fachadas de los edificios, sólo quiero dejar de existir.

Al llegar a casa, nada más cerrar la puerta, cae una lágrima por mi mejilla. Dejo de morderme y libero un suspiro, que tiene más de gemido. Corro a mi habitación, cierro la puerta y lloro amargamente. Recuerdo cuando este noviembre que el hombro de Clara en el que me apoyé para sostenerme... ¿Y qué me queda ahora? Llorar. Y lloro tanto que intuyo una afonía. Cuando dejo de temblar un poco, me fumo un cigarro, sin que las lágrimas dejen de brotar de mis ojos y resbalar por mi cara, hasta que decido que no puedo perder más el tiempo de esta mantera tan miserable. Me sueno la nariz y salgo de mi cuarto, encogida y con la cara demacrada por la tristeza. Entonces se abre la puerta del baño y sale mamá con su albornoz y una toalla en la cabeza a modo de turbante. Me ve en medio del pasillo, y yo vuelvo la cara. Entonces una penosa sacudida surge de mi ser, y mamá se acerca a mí, cautelosamente.
-Cielo, ¿qué...?-empiezo a llorar de nuevo, en silencio-. Maya, ¿estás..?-sorbo la nariz y mamá me mira a los ojos-. ¿Maya? ¿Qué te pasa?
-Cla... Clara...-digo, entre sollozos. No puedo hablar, sólo sacudirme con esos horribles espasmos que me llenan aún más de pena. Entonces vuelvo a llorar, esta vez sin reprimirme, en alto. Me tiro al suelo de rodillas y lloro escandalosamente. No quiero que quede ni un atisbo de pena en mí, no quiero aguantar nada. Mamá se arrodilla a mi lado y me abraza mientras me desespero y corren ríos de lágrimas por mi cara. Cuando me calmo un poco, le explico desordenadamente, pero con todos los detalles, lo que ha pasado con Clara desde que se junta con esas chicas. Ella sólo me aprieta contra su cuerpo envuelto en el albornoz, tan suave, y me recuerda a cuando tenía unos diez años y tuve un enfado muy grande con una chica y el chico que me gustaba entonces. Me siento algo reconfortada, y me lavo la cara y me sueno la nariz. Entonces se lo vuelvo a contar todo, esta vez más calmada, aunque lloro un poco más, y le explico que me siento una estúpida por no haber hecho nada y por llorar tanto, y por todo.



-No tienes la culpa de nada, tesoro, eso tienes que tenerlo en cuenta desde ahora.

Poco a poco, entre los abrazos y las sabias palabras de mi madre, voy dejando de llorar, aunque me siento igual de hecha polvo. Hago los deberes con la mano temblorosa y me fumo otro cigarro mientras tanto. Escucho música para intentar distraerme y leo. Entonces empieza a sonar Tristesse, de Chopin, y en el libro que me estoy leyendo atropellan a un pobre perro. Malhumorada, cierro el libro bruscamente y cambio de canción, y empieza a sonar Prosthetic Head, seguido de Reject, y me animo.

Rock para el alma. Eso sí que me ayuda.

Esa noche, después de tomarme un bol de leche caliente con cereales a modo de cena, me despido de mamá y me meto en la cama. Ha sido un día de mierda. Me duermo rápidamente; tampoco creo que pudiera soportar muchos minutos más.

sábado, 4 de agosto de 2012

Capítulo 6-Puramente


Estoy en medio de una marea de gente, la mayoría mujeres. Cada una es diferente y especial a su modo. Las hay altas, bajas, más gordas, más flacas, corpulentas, esbeltas, larguiruchas, ojos marrones, ojos verdes, ojos azules, ojos negros, ojos grises, pelo largo, corto, rizado, liso, ondulado, peinados extravagantes, painados sencillos, vestidas formales, vestidas de punkis, de hippies... Y, con tanta mujer (y también hombres) probablemente lo único que tengamos en común es el motivo de estar aquí, de tocar el silbato, de alzar las pancartas: estamos a favor del aborto, porque una mujer es la única que tiene control sobre su cuerpo.

Yo llevo una pancarta con el lema "EN CONTRA DE ABORTAR: CEREBRO NEANDERTAL" escrito con letras gruesas y negras, bien visibles. Ahora los gritos han cambiado del típico "Nosotras parimos, nosotras decidimos" por un "Alejad vuestros rosarios de nuestros ovarios", después de pasar por un "Gobierno e Iglesia con retraso: yo decido mi embarazo". Las frases las grita una chica con el pelo castaño oscuro que lleva un megáfono y parece casi tan indignada como yo. Parece que ella dirija la manifestación. Es alta y parece en forma. Diría que tiene mi edad, aunque de espaldas es difícil saberlo.



A la altura de la Calle Pelayo hay algunas cámaras de televisión, y la manifestación se vuelve más ferviente y agitada. Hay policías con mala cara vigilándonos, y uno me mira con una expersión facial que me dan ganas de atizarle con la pancarta. Grito la frase de turno más alto y alzo más la pancarta: por una mirada de asco no voy a dejar de estar indignada.

Al llegar a Plaça Catalunya estamos un rato pitando, y poco a poco la manifestación se va disolviendo. Me acerco a la chica dal megáfono.
-Estupendas frases, chica-ella me mira con simpatía.
-Bueno, lo mínimo que podemos hacer es quejarnos. Al fin y al cabo...
-Al fin y al cabo es nuestro cuerpo. Nadie excepto nosotras...
-Sí-dice, con una sonrisa-. Me llamo Lara, ¿y tú?
-Maya. ¿Vamos a tomar algo?
-Bueno, yo tengo que ir a mi casa y dejar el megáfono... Y luego tengo que ir a trabajar.
-¿Trabajas? No pareces mayor que yo...
-Bueno, ya tengo los dieciséis, y con la crisis... Las cosas no están muy bien.
-Oh... ¿Dónde trabajas?
-Es como un café... En fin. Si tienes tiempo quedamos aquí en una hora y me acompañas.
-Perfecto-digo, y tras despedirme momentáneamente voy a casa. Dejo la pancarta y me pongo ropa más abrigada: un jersey morado, una bufanda gris y unos tejanos. Me pongo los botines y preparo la gabardina negra y meto las llaves de casa y algo de dinero en el bolso, sin vaciarlo previamente. Mamá está haciendo horas extra, así que no volverá hasta las diez. Me preparo pasta con tomate para cenar y le dejo algo preparado a mamá. Después salgo y espero en el lugar acordado, hasta que veo a Lara llegar. Vamos andando, y ella me explica su situación familiar.
-Bueno... Vivimos en un piso pequeño, sí. Mamá es cajera en un supermercado y papá es peluquero. No nos llega para fin de mes, así que yo trabajo por las noches de camarera. Mis padres llegan muy cansados a casa y aún tienen que cuidar de ella, aunque yo la cuido toda la tarde. Tiene cinco años y, bueno... Alguien tiene que ahcerse cargo. Así que después de cenar llega mi padre, o mi madre, y yo me voy a trabajar... Bueno, ya hemos llegado.

Alzo la vista y no me lo puedo creer. Es el bar donde yo voy siempre. Le cuento que vengo muy a menudo, y que nunca la he visto. Ella va a cambiarse y yo entro, y entondes vislumbro unos ojos de infarto, que andan entre verdes y marrones que aún no me han visto. Corro al baño y me miro. Me paso los dedos por el pelo para peinarme un poco. Abro el bolso y me alegro de no haber revisado el bolso porque encuentro el pintalabios rojo que olvidé sacar el otro día. Salgo y me acerco a la barra, donde veo a Lara vestida con el vestido negro y el delantal blanco que constituye el uniforme femenino de la cafetería. Me acerco a la barra.
-Te queda bien el rojo.
-Y a ti el uniforme.
-¿Qué te pongo?
-Un batido de chocolate.
-¡Marchando! Me alegro de que no pidieras nada con alcohol-dice, mientras me sirve-. Lo siento mucho, me encantaría servírtelo pero no puedo...
-¿Por qué?-voz suave y profunda. Me giro y veo a Lucas, que vuelve a mirarme de ese modo que casi me hace temblar. Le lanzo una mirada breve y significativa a Lara.
-Porque es más caro que un batido de chocolate y no lleva dinero suficiente-me salva. Sonrío agradecida y ella se pone a lavar unas copas.
-Bueno...
-Sí...
-¿Batido de chocolate?
-Igual lo que quiero es tirártelo pro encima-digo, mientras me lo bebo rápidamente-. ¿Qué haces aquí?
-Lo mismo que tú.
-¿Tomarte un batido ya que acabas de conocer a la camarera, que es simpatiquísima, en una manifestación?
-¿Qué?
-Nada...-suspiro y ponglo los ojos en blanco.
-El jazz y el blues. Trabajo en un periódico. Tengo una colección de películas en blanco y negro.
-¿Tienes algo de Los Hermanos Marx?
-La duda ofende-declara, con una sonrisa.
-Eh, que va a cantar-dice Lara mientras sube una pareja idéntica que se presentan como gemelos. Cantan This is the last time, de Keane. Parece que todo el mundo que sube a cantar lo hace bien. Me pregunto si subiré algún día, pero no hace falta preguntarme mucho más porque en cuanto acaban de cantar, Lara sube al escenario y me presenta.
-¿Qué? ¡No, no puedo hacerlo!
-Me has dicho que te gustaba cantar.
-Sí, pero no delante de tanta gente... Si ni siquiera sé si lo hago bien-no tengo tiempo de protestar más porque Lucas me empuja hacia el escenario. Me pongo pálida ante ese montón de gente y desesperadamente busco algo cantable entre mi repertorio de canciones memorizadas. Opto por un socorrido Heaven Help, de Lenny Kravitz. Carraspeo disimuladamente, tomo aire y cierro un poco los ojos mientras la música empieza a sonar. Empiezo a cantar suavemente, imaginándome que lanzo mi voz hacia la puerta. Miro discretamente hacia Lara y Lucas, que no pierden detalle. Después paseo mi mirada por el público, silencioso y con los ojos puestos en mí. Sonrío, parece que no desagrado a la gente. Agarro el micrófono y canto con más confianza. Cuando llega el puente cierro los ojos y me imagino que estoy sola. Escucho cómo suena mi voz, proyectada desde la garganta, y siento como si estuviera cantando sola en mi habitación. Cuando abro los ojos voy por la mitad del último estribillo y voy apagando mi voz hasta el final de la canción. Hay un instante de silencio. Me aclaro la garganta con una tos provocada y doy las gracias por escucharme. La gente de toda la sala me aplaude, y cuando voy hacia Lara, la veo con una sonrisa radiante.
-¡Chica! ¡No he escuchado a nadie como tú! ¿Cómo lo haces?-noto que se me suben los colores a las mejillas. Entonces veo a Lucas, con un brillo especial en los ojos, sonriéndome.
-Ya tengo nueva cantante favorita.
-Tampoco es eso...-digo, más que halagada por el comentario.
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Llego a casa animada y alegre por la velada. He estado hablando todo el tiempo con Lara y Lucas sobre todo. Me he reído como hacía tiempo que no reía, y ahora me siento feliz y relajada, en especial por la pequeña despedida con Lucas. Estábamos fuera, yo ya me iba, pero seguíamos hablando.
-Bueno, me voy.
-¿Volverás?
-¿Te interesa?
-Quiero escucharte. Me he enamorado de cómo cantas.
-Tu música está en tus ojos-le he dicho, sonriente, y cuando él se inclinaba para besarme la mejilla  he girado un poco la cara y le he besado la comisura. Después he vuelto a mirarle los ojos y me he ido, sintiéndome la persona más feliz en la Tierra.

Ahora estoy delante de un té humeante. Mi madre también bebe una infusión. Me contó una vez que ella de joven fumaba, pero que un día decidió dejar de hacerlo y, con esfuerzo y paciencia, logró dejarlo. Después me dijo que había cambiado la nicotina por la cafeína y la teína... Y me parece que yo voy por el mismo camino.

Empieza el telenoticias: el Gobierno dice, el Gobierno piensa recortar, el Gobierno prohíbe... Y después de tanta charla sobre política, aparece una noticia sobre las manifestaciones. Cuando Barcelona sale en pantalla, se me ve a mí tan idignada que casi parezco furiosa, blandiendo la pancarta y coreando. Mamá me sonríe y me dice que está orgullosa de que haya acudido. Añade que todo el mundo podrá ver la indignación de una chiquilla.

En la tele pasan a preguntarle a la gente sus opiniones. Madrid, Ciudad Real, Badajoz, Pamplona, A Coruña, Murcia y Barcelona. Aparece en pantalla una chica de mi edad, de enormes ojos marrones y melena castaña oscura, con el pelo recogido en una cola, una chaqueta forrada por dentro y una camiseta con el nombre de OutKast escrito.
-¡Es Lara!
-¿Quién?
-¡Lara, es Lara!
-Lara... Me suena mucho...

-¿Qué piensa la juventud barcelonina?
-Schopenhauer dijo que las mujeres son animales de cabellos largos e ideas cortas. Pues bien, si es cierto que la Humanidad ha avanzado algo, esta idea estúpida que ronda por la cabeza de los mandatarios del Gobierno y la Iglesia tiene que desaparecer. Somos capaces de hacer lo mismo que un hombre. Nuestro cuerpo no le pertenece a nadie, sólo a nosotras, y la mujer decide qué hacer con él. Somos mujeres; ¡somos personas!-son las fuertes palabras que le dedica Lara a la cámara. Yo me deleito y babeo, sintiendo una profunda admiración hacia mi nueva amiga.

-¡Es increíble!-exclama mamá.
-Sí, lo es-digo yo, contentísima-. Nos hemos conocido en la manifestación, y ahora...
-¡Ya sé quién es!-me interrumpe mamá-. ¡Cómo olvidarla!
-¿Qué pasa?
-¡Esta niña ayudó a nacer a su hermana! ¡Ella atendió a su madre mientras llegaba la ambulancia! ¡Y es la hija de un antiguo compañero de mi instituto!
-¿¡Qué, la conoces?!

Entonces suena el teléfono: papá me ha visto en el telediario. Me felicta y después hablamos un rato. Antes de colgar, me dice:
-Una muy buena frase. Y, cariño...
-¿Qué?
-Estabas preciosa.
-Gracias, papá. Buenas noches.
-Buenas noches, princesa.

Entonces mamá me explica mejor lo de Lara. Su padre y ella eran amigos, y perdieron el contacto con el tiempo, pero con el nacimiento de la hermana de la chica volvieron a reencontrarse y ahora hablan más a menudo. Además, resulta que, cuando la madre de Lara daba a luz, la ambulancia tardó en llegar porque había habido un incendio, y ella-Lara-ayudó a su madre a parir... Entonces yo le explico que ahora son amigos, y todo lo de cantar-exceptuando a Lucas... Eso me lo guardo sólo para mí.

jueves, 2 de agosto de 2012

Capítulo 5-¡Muerde el césped!


Al llegar al instituto me da un golpe de calor tal que me quito la chaqueta. Voy a salir de clase cuando recuerdo que no tengo a nadie con quién ir. La llamada de Clara nunca llegó, tuvimos una pequeña bronca y hasta hoy. Y eso que sólo le pregunté por qué no llamó, y la que lió. Su ejercito de pijas y yo, totalmente distinta a ellas.  Cuando empezaron a soltarme pullas yo les contesté con un simple "Eh, no gritéis tanto, que entre lo frescas que vais y que sois y que es febrero os va a dar frío". Y me di media vuelta y me fui. Y me quedé tan ancha.

Y ahora voy con mi anchura a mi pupitre y saco el La Sombra del Viento. Sigo leyendo por el punto en el que me quedé hasta que las clases empiezan, y cuando termina una clase reanudo la lectura. No necesito a nadie para sentirme acompañada. ¿Clara? Nada que un buen libro y mi música pueda sustituir. Al menos la pava en la que se ha convertido.

A la hora del patio me siento en un lugar donde da el sol. Escucho When I Come Arround, y la tarareo distraída mientras pienso en la manifestación que hay la semana que viene. Me termino mi madalena de chocolate y me acerco a la papelera. Me fijo que Clara and company se están riendo descaradamente de algo que está en mi dirección. Posiblemente ese alguien soy yo. Suspiro y me voy a volver a mi rinconcito de sol cuando noto unos golpecitos en el hombro. Me giro y veo a Ana articulando las palabras "sucia marginada", y le doy al Pause.
-¿Qué?
-Eso.
-Lo siento, estaba escuchando música y no te he oído.
-Ah, ese ruido tuyo...
-Ruido es tu voz, que pareces una urraca afónica, aprendiz de poligonera-escupo señalando que va enseñando medio sujetador push up.
-Es que yo puedo enseñar, ¿sabes? No como tú, que estás planísima.
-Es que a mí las tetas no me crecen de la noche a la mañana-la gente que pasaba por ahí se ríe mientras Ana capta lo que le acabo de decir y lo asimila.
-Pero es que ni con relleno podrías enseñar nada porque no hay carne que subir.



-Anda, como que tú tienes mucha... Tanta obsesión por tu IMC ha hecho que tu cerebro también baje de peso-ella se va girando porque está claro que no puede conmigo mientras me grita un "Que te den, meteriz (en vez de meretriz)". Yo levanto burdamente el dedo corazón mientras digo bien alto "Analfabeta". Me quedo temblando de ira. Estoy a punto de ponerme el auricular cuando unos chavales me aplauden mientras se ríen. Yo hago unas reverencias.
-Gracias, gracias. Espero que os haya gustado esta versión de "La Perfecta Idiota". Próximamente, cuando  me siga atacando se estrenará "La Perfecta Idiota: las secuelas".
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-Todo el mundo se ha enterado.
-¿De qué?-le pregunto mientras me siento.
-La has dejado fatal-dice, con un deje de admiración en la voz.
-Esta noche no cenará, para autocastigarse-digo, con suficiencia-. ¿Cómo te fue el examen de geometría?

Los ojos oscuros de Óscar brillan mientras se le dibuja una sonrisilla en la cara. Yo también sonrío, a la espera de buenas noticias. Observo sus dientes perfectos mientras me explica cómo resolvió un problema con un dodecaedro. Entonces me pregunta por mi examen de francés y le cuento la historia que inventé en el apartado de expresión escrita. Después, cada uno se pone a lo suyo. Tengo que hacer una redacción en inglés titulada "How I knew I was growing". No me corto y explico que era la única niña en clase que no tenía pecho ni vello en las axilas, cómo a todas les venía la regla menos a mí y cómo todas se echaban novio excepto yo. Explico que mientras tanto yo devoraba libros y me iba formando mi idea sobre todo. A grandes rasgos, trata sobre cómo yo me desarrollaba mentalmente mientras las otras eran niñas con cuerpos de mujer. Concluyo con un "me dolía el pecho. Pocas semanas después, me puse el primer sujetador". Lo he escrito con mucho humor, así que supongo que tendré buena nota. Muchas veces mis profesores me han dicho cómo se iban riendo mientras leían mis redacciones, y eso me hace sentir orgullosa. Para ser la última en llevar sujetador, fui la primera en escribir con firmeza la palabra "crecer".

Meto la nariz en el libro de sociales y, al verlo, Óscar consulta conmigo algunas dudas que tiene para el próximo examen. Se sienta a mi lado para ver mejor el libro, y se inclina hacia mí. Yo intento tapar con el pelo que me estoy poniendo más roja que un pañuelo de San Fermín, y voy explicándole cosas sobre el franquismo. Le miro de reojo, y le veo totalmente concentrado en el libro y en mis explicaciones. Observo sus pestañas largas y rubias, su nariz recta y me deleito con la imagen de sus labios, que tienen pinta de ser de lo más tiernos. Entonces él levanta la cabeza y me mira directamente a los ojos. Está tan cerca que nuestras narices casi se rozan, y ahora no tengo manera de ocultar que me he convertido en un tomate cherry ojiplático. Nos quedamos dos segundos que me saben a gloria mirándonos y en esta posición, y yo pestañeo lentamente y trago saliva. Él pestañea y gira la cara, y se aparta. Aprieto los puños notando el calor en mis mejillas. Él vuelve a su sitio y yo sigo intentando centrarme. Noto que me mira y me pongo nerviosa. Levanto la mirada y ahí están sus ojos inquisidores. Empiezo a recoger y me despido, y salgo atropelladamente de la biblioteca.

Me siento una estúpida. La estúpida más feliz del universo.

Escucho mis pasos en los charcos de lluvia que se van formando, porque cada vez llueve con más fuerza. Me veo reflejada en un charco delante de un parque infantil y suspiro. Parece que mis pies tocan el suelo, aunque yo siento como si el cielo me hubiera dado alas.

Me paso el resto del día cantando, y durante la cena papá me pregunta si quiero ir a clases de canto, porque se me ve cómoda haciéndolo y así podría hacerlo sin dañar un ápice mis cuerdas vocales. Acepto encantadísima.

Una vez en la cama, pienso en la discusión con Ana, en la clase de filosofía y en la de latín, en los dos cigarros que me he fumado, en que mañana tengo gimnasia, en la letra de una canción y en los ojos de Óscar mirándome con tal intensidad que sentía que podía leer mis pensamientos, aunque lo he dejado claro al enrojecer tantísimo. Suspiro. Si lo sabe, que lo sepa.

Y me duermo.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Capítulo 4-Llamas latentes verdes


Hace ya dos semanas que estamos en clase. Ahora mismo tengo latín, y Ernesto (álias "Matusalén"), el profesor decrépito que lleva impartiendo estas clases desde la edad de piedra. A pesar de los años, sus clases son divertidísimas. Él es un hombre muy activo, y no duda en disparar ráfagas de preguntas que nadie puede esquivar, todo esto aderezado con su buen humor y sus ganas de reír. Aunque estés deprimido, no hay una clase de latín en la que no saques ni una sonrisa. Ahora mismo está monologando sobre Las Aventuras del Chiflado Julius, mundialmente conocido como Julio César. Va desvariando cada vez más hasta el punto en el que te preguntas si no está hundiéndose en el profundo pozo de la demencia senil.

Después toca historia del arte. Voy un momento a la clase de al lado, y me asomo para ver si está Clara. Y sí, ahí está, vestida con un polo Lacoste y unos pantalones Calvin Klein. Lleva unas Nike bajas de color blanco, y el pelo planchado y peinado hacia atrás. Se pasa la mano por la melena, atusándose el pelo. Se nota que quiere parecer sofisticada y chic, con sus expresiones faciales, y no le sale del todo mal, más si le añades el lunar que tiene en la parte izqueirda de la barbilla. En conjunto, todo estrès BCBG. Me acerco a ella y, en una pausa, le doy unos golpecitos en el hombro. Ella se gira, mirándome por encima del hombro y, con una expresión de superioridad que me pone enferma.
-Perdona, eh, estoy hablando-entonces ve que soy yo y le dice a las otras-. Esperad un momento-se vuelve a girar hacia mí y me mira con soslayo. Analiza mi vestimenta (una camisa blanca y unos pantalones negros ajustados. Al parecer me da el visto bueno-. ¿Qué pasa?
-¿Qué te pasa a ti?-pregunto, asombrada-. Últimamente estás muy esquiva y casi diría que arisca...
Ella resopla y pone los ojos en blanco como diciendo "no-me-aburras-más".
-Bueno, lo que tú digas. ¿Qué querías?-suspiro para calmarme.
-No sé si podrás quedar hoy, me da la impresión de que estás ocupada.
-Pues no, no puedo. Tengo clase de inglés-dice, como si fuera algo muy glamuroso, cuando hace sólo dos semanas se quejaba de ello. Yo iba con ella a inglés, pero me saqué los títulos necesarios y ahora ya no voy, aunque posiblemente pronto me prepare para el último título que me queda. Entonces volveré a clases.
-Oh, cierto. Excuse me, I didn't remember-le digo, con acento.
-That's all? Are you gonna say something else?
La miro de arriba a abajo, y la taladro con las pupilas y el iris verde.
-¿Vendrás conmigo en el patio?
-No creo, voy a estar con Álex.
-Vale... Bueno, supongo que... Hablaremos por teléfono o algo.
-Sí, si eso te llamo esta noche...-parece que tiene el peso de la buena vida sobre sus hombros. Está muy tonta, y cruzo los dedos para que se le pase pronto.

Saco los apuntes y me siento en mi sitio. Me apoyo en mis puños y suspiro. Ojalá pudiera volver a tener latín y que Matusalén me alegrara de nuevo.

-Buenos días-dice Helena, la profe-. Hoy hablaremos de la pintura en el Romanticismo-dice, recalcando cada sílaba de "Romanticismo"-. En esta época se tratan los temas clásicos, además del placer por la vida, la belleza y...
Helena es una profesora muy apasionada. Normalmente, sus clases me embelesan, pero estoy pensando en Clara y desconecto un poco. Paso a apoyarme en un solo puño. Entonces me llega una notita de Eric, un chico que se sienta cerca de mí y con el que me llevo muy bien. Nos conocemos desde los diez años, y vive en la calle de enfrente de casa de papá.

Alegra esa cara :)

Se me escapa una sonrisilla. Qué majo. Suspiro, y contesto con otro breve mensaje.
Hoy me siento más barroca.
¿Qué?
Que estoy un poco oscura, triste.
¿Por qué?
Un cúmulo de despropósitos...
¿Me lo cuentas luego?
No lo dudes.

Y, en efecto, a la hora del recreo me coge por el brazo. Busco a Clara con la mirada, que está ocupadísima dejando que Álex le meta mano por todas partes (¡qué romántico! Algún día les veré haciéndolo en la mesa como si fuera lo más normal del mundo). Vuelvo la cara ante tan nefasto espectáculo. Antes iban más poco a poco, y ahora parece que, en cuanto le ve, se le suelte el sujetador automáticamente.

-¿Y bien?-me pregunta, mientras le da un bocado a su bocadillo de lomo. Yo trago un trozo del mío, que es de paté.
-Bueno... ¿Ves a esa pareja?
-¿Cuál de todas ellas?
-La chica está con la ropa medio arrugada por el incesable manoseo del otro.
-Ah... Clara.
-Sí.
-Está cambiando mucho...
-Sí... Sí. Es que... Me parece que se abre un abismo entre las dos.

Y, hablando hablando, le cuento todo lo que me ha pasado, sin dejarme ningún detalle excepto que fumo. Como ya dije, no quiero que lo sepa nadie, aunque se está extendiendo. mamá intenta esconder la mala cara que pone cuando fumo, por eso procuro no hacerlo delante de ella. Eric me escucha como solía hacerlo Clara, pero en su silencio no deja de mirarme, sus ojos brillan en cada punto álgido y me ayuda a calmarme. Me ayuda a esperanzarme por no perder a Clara, que quizás es lo que más miedo me da. Y también es sincero, porque me habla abiertamente sobre que no cree que pueda funcionar con Óscar. Le pregunto por qué y se encoge de hombros.
-Alguna razón tiene que haber.
-Pues no lo sé. Pero no creo que congeniéis mucho. O sea, os podéis llevar bien, pero él es muy... No sé cómo decirlo.
-Bueno... Yo sigo con esperanzas.
-Lo siento mucho, Maya, pero creo que deberías ir olvidándote de él.
-Bueno...
-Uuh, la parejita... No me extraña, celosa de Clara y te buscas a otro-dice Ana, una de sus nuevas amigas.
-No tengo por qué estar celosa de ella. Es mi amiga.
-¿De verdad lo crees?-y se ríe, la muy pava.
-¿De verdad crees tú que es amiga tuya, que confía en ti?
-Pues claro. Fui la primera en saber que se han acostado-me muestro indiferente.
-Es que eres la que más sabe del tema, no me extraña.
-¿Quieres aprender, estrecha?
-Quiero perderte de vista, cerda. Y ojalá sea cierto que Clara es tu amiga, así te darías cuenta de que no te la mereces-espeto, y me quedo tan ancha. Después Eric me felicita por mi maravilloso genio.
-Parecía que la ibas a desintegrar con esa mirada que has puesto... ¿Tienes láser en los ojos?
-Sí, verde, como una de las espadas de Luke Skywalker.
-A ti te veo más de yoda.
-Vete a la mierda-y le empujo cariñosamente mientras me escapo riéndome.
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Después de hacer los deberes tengo permiso para irme a dar una vuelta hasta la hora de la cena. Como Clara no me ha llamado, me llevo el móvil. Me pongo una gabardina negra y unas medias tupidas, negras tambien. Me pongo mis Converse y cojo también las llaves de casa, el tabaco, el mechero y algo de dinero. Camino por la calle, y el frío de las seis en invierno me azota en la cara, haciendo que mis mejillas se pongan rojas, lo mismo con la nariz. Llego a un bar en el que ya he estado mucahs veces, cálido, con bastante gente. Hay un escenario y sale gente a cantar y tocar, nuevos talentos. Siempre es buena música, y me encuentro a gusto. Entro y voy directamente al lavabo. Me pinto los labios de rojo (a papá no le gusta verme con ese color, dice que me hace más mayor) y vuelvo a salir. Pago un batido de chocolate caliente que me tomo muy a gusto, y escucho a la chica que ha subido al escenario. Cantará tres canciones, todas ellas de esa cantante que escribe cosas tan deprimentes sobre el amor y que tiene ese chorro de voz: Adele. La chica tiene una voz preciosa y muy potente, casi parece imposible que salga de su menudo cuerpecito.

Entonces me giro, y mi mirada se fija en un hombre alto, de espalda algo ancha. Se gira, permitiéndome ver la copa de vino que bebía y que ahora reposa en la barra. Después me fijo en su ropa. Va vestido con una camisa blanca, de modo formal, aunque no parece mayor. De hecho, da la impersión de ser joven. Miro su cara, y me quedo asombrada. Pelo castaño, barbita de tres días, labios carnosos pero no anchos que sonríen ligeramente, formando un pequeño hoyuelo al lado izquierdo de la boca... Es entonces cuando me fijo en sus ojos grandes, verdes con algún reflejo castaño, rodeados de pestañas... Y me doy cuenta de que me está mirando. No aparto la vista de él, ni él de mí. Doy dos pasos hacia adelante, y él hace el gesto de avanzar. Cuando está delante de mí, alzo la mirada hacia la suya, sin haberla apartado ni un solo instante. Nos quedamos parados, mirándonos, mientras la gente aplaude a mini-Adele, pero da la impresión de que me aplauden a mí por haber encontrado a este chico. En un momento me mira con tal intensidad que creo que me voy a caer, y es justo entonces cuando sé que me acabo de enamorar. Él entreabre la boca para decir algo. Veo su lengua un segundo, y con sus labios me dan unas ganas increíbles de besarles, tanto que me muerdo el labio inferior para evitar lamérmelo.
-Hola-dice, cordial, con una voz profunda y suave.
-Hola...-digo, casi sin aliento.
-¿Cómo estás?
¡Flipando, joder! ¿Cómo puedes ser tan guapo y estar tan bueno? ¿Qué clase de pacto tienes con el diablo?
-Bien-digo, en vez de lo que pensaba. Le doy un repaso mal disimulado, pero me da igual-. Muy bien. ¿Y tú?
-Bien-sonríe de un modo que desearía estar sola para que mis piernas temblorosas pudieran ceder.
-¿Quieres salir? Voy a tomar el aire-sin esperar respuesta, salgo del local y enciendo un cigarro. Me da un escalifrío porque he salido sin chaqueta y, aunque el vestido (también negro y algo ajustado) es de media manga, siento el frío. Aspiro con fuerza y me lleno de ese humo que lentamente me mata. Él, que me ha seguido, me pide una calada. Mira tú por donde, ahora no me importa compartir el tabaco. Observo cómo se lleva el cigarro a los labios, y está tan jodidamente sexy que se me podrían bajas las bragas solas. No, hombre, no, es broma, pero su forma de fumar es muy sensual. Me devuelve el cigarro y fumo. La boquilla se queda con restos rojos del pintalabios.
-¿Cómo te llamas?
-Maya.
-Un nombre precioso... Para una chica preciosa.
-¿Disculpa?-eso está muy gastado. Le miro con escepticismo, con una sonrisilla malvada-. No ligo con desconocidos.
-¿Y esa mirada y esa sonrisa?
Exhalo el humo de esta calada en su cara. Él sonríe, y se presenta como Lucas.
-Encantada.
-¿Y cuántos años tienes?
-¿Eres un pedófilo?



-No se considera pedófilo a quien va con mujeres.
-Tú primero-digo, con fingida indiferencia.
-Veintisiete.
¡COÑO! ¡Es DOCE años mayor que yo! Me corto un poco, y carraspeo.
-No preguntes por mi edad, pregunta por mí-me salgo por la tangente.
-¿Diecisiete?
-Escucho Green Day, Nirvana, The Clash, My Chemical Romance. Me gusta Tim Burton, también Tarantino. No soporto dramones, ni siquiera Titanic. El humor negro es mi vía de escape. Y el tabaco. Me gusta cantar-digo de un tirón.
-Canta.
-Para eso tendrás que pagar.
-Sé todo esto de ti, y tú sólo sabes mi edad.
-Y me sobra saberlo para mirar-aprovecho y vuelvo a mirar sus labios.
-¿Sí? ¿Y qué ves?
-A un veinteañero guapísimo...-se inclina hacia mí, y cuando cree que me va a besar, acabo-. Y desesperado.
Me escapo y nos sonreímos, él incrédulo y yo poderosa. Entro en el bar, me pierdo entre la marabunta, recojo los bártulos y me voy sin decir ni pío.

¿Qué hubiera pasado si me hubiera dejado besar? Que no volvería a verle nunca. Ahora puede buscarme.

Miro el móvil: no hay señales de Clara. Suspiro, y me quito el pintalabios.

Jugamos a ser un enigma.