sábado, 4 de agosto de 2012

Capítulo 6-Puramente


Estoy en medio de una marea de gente, la mayoría mujeres. Cada una es diferente y especial a su modo. Las hay altas, bajas, más gordas, más flacas, corpulentas, esbeltas, larguiruchas, ojos marrones, ojos verdes, ojos azules, ojos negros, ojos grises, pelo largo, corto, rizado, liso, ondulado, peinados extravagantes, painados sencillos, vestidas formales, vestidas de punkis, de hippies... Y, con tanta mujer (y también hombres) probablemente lo único que tengamos en común es el motivo de estar aquí, de tocar el silbato, de alzar las pancartas: estamos a favor del aborto, porque una mujer es la única que tiene control sobre su cuerpo.

Yo llevo una pancarta con el lema "EN CONTRA DE ABORTAR: CEREBRO NEANDERTAL" escrito con letras gruesas y negras, bien visibles. Ahora los gritos han cambiado del típico "Nosotras parimos, nosotras decidimos" por un "Alejad vuestros rosarios de nuestros ovarios", después de pasar por un "Gobierno e Iglesia con retraso: yo decido mi embarazo". Las frases las grita una chica con el pelo castaño oscuro que lleva un megáfono y parece casi tan indignada como yo. Parece que ella dirija la manifestación. Es alta y parece en forma. Diría que tiene mi edad, aunque de espaldas es difícil saberlo.



A la altura de la Calle Pelayo hay algunas cámaras de televisión, y la manifestación se vuelve más ferviente y agitada. Hay policías con mala cara vigilándonos, y uno me mira con una expersión facial que me dan ganas de atizarle con la pancarta. Grito la frase de turno más alto y alzo más la pancarta: por una mirada de asco no voy a dejar de estar indignada.

Al llegar a Plaça Catalunya estamos un rato pitando, y poco a poco la manifestación se va disolviendo. Me acerco a la chica dal megáfono.
-Estupendas frases, chica-ella me mira con simpatía.
-Bueno, lo mínimo que podemos hacer es quejarnos. Al fin y al cabo...
-Al fin y al cabo es nuestro cuerpo. Nadie excepto nosotras...
-Sí-dice, con una sonrisa-. Me llamo Lara, ¿y tú?
-Maya. ¿Vamos a tomar algo?
-Bueno, yo tengo que ir a mi casa y dejar el megáfono... Y luego tengo que ir a trabajar.
-¿Trabajas? No pareces mayor que yo...
-Bueno, ya tengo los dieciséis, y con la crisis... Las cosas no están muy bien.
-Oh... ¿Dónde trabajas?
-Es como un café... En fin. Si tienes tiempo quedamos aquí en una hora y me acompañas.
-Perfecto-digo, y tras despedirme momentáneamente voy a casa. Dejo la pancarta y me pongo ropa más abrigada: un jersey morado, una bufanda gris y unos tejanos. Me pongo los botines y preparo la gabardina negra y meto las llaves de casa y algo de dinero en el bolso, sin vaciarlo previamente. Mamá está haciendo horas extra, así que no volverá hasta las diez. Me preparo pasta con tomate para cenar y le dejo algo preparado a mamá. Después salgo y espero en el lugar acordado, hasta que veo a Lara llegar. Vamos andando, y ella me explica su situación familiar.
-Bueno... Vivimos en un piso pequeño, sí. Mamá es cajera en un supermercado y papá es peluquero. No nos llega para fin de mes, así que yo trabajo por las noches de camarera. Mis padres llegan muy cansados a casa y aún tienen que cuidar de ella, aunque yo la cuido toda la tarde. Tiene cinco años y, bueno... Alguien tiene que ahcerse cargo. Así que después de cenar llega mi padre, o mi madre, y yo me voy a trabajar... Bueno, ya hemos llegado.

Alzo la vista y no me lo puedo creer. Es el bar donde yo voy siempre. Le cuento que vengo muy a menudo, y que nunca la he visto. Ella va a cambiarse y yo entro, y entondes vislumbro unos ojos de infarto, que andan entre verdes y marrones que aún no me han visto. Corro al baño y me miro. Me paso los dedos por el pelo para peinarme un poco. Abro el bolso y me alegro de no haber revisado el bolso porque encuentro el pintalabios rojo que olvidé sacar el otro día. Salgo y me acerco a la barra, donde veo a Lara vestida con el vestido negro y el delantal blanco que constituye el uniforme femenino de la cafetería. Me acerco a la barra.
-Te queda bien el rojo.
-Y a ti el uniforme.
-¿Qué te pongo?
-Un batido de chocolate.
-¡Marchando! Me alegro de que no pidieras nada con alcohol-dice, mientras me sirve-. Lo siento mucho, me encantaría servírtelo pero no puedo...
-¿Por qué?-voz suave y profunda. Me giro y veo a Lucas, que vuelve a mirarme de ese modo que casi me hace temblar. Le lanzo una mirada breve y significativa a Lara.
-Porque es más caro que un batido de chocolate y no lleva dinero suficiente-me salva. Sonrío agradecida y ella se pone a lavar unas copas.
-Bueno...
-Sí...
-¿Batido de chocolate?
-Igual lo que quiero es tirártelo pro encima-digo, mientras me lo bebo rápidamente-. ¿Qué haces aquí?
-Lo mismo que tú.
-¿Tomarte un batido ya que acabas de conocer a la camarera, que es simpatiquísima, en una manifestación?
-¿Qué?
-Nada...-suspiro y ponglo los ojos en blanco.
-El jazz y el blues. Trabajo en un periódico. Tengo una colección de películas en blanco y negro.
-¿Tienes algo de Los Hermanos Marx?
-La duda ofende-declara, con una sonrisa.
-Eh, que va a cantar-dice Lara mientras sube una pareja idéntica que se presentan como gemelos. Cantan This is the last time, de Keane. Parece que todo el mundo que sube a cantar lo hace bien. Me pregunto si subiré algún día, pero no hace falta preguntarme mucho más porque en cuanto acaban de cantar, Lara sube al escenario y me presenta.
-¿Qué? ¡No, no puedo hacerlo!
-Me has dicho que te gustaba cantar.
-Sí, pero no delante de tanta gente... Si ni siquiera sé si lo hago bien-no tengo tiempo de protestar más porque Lucas me empuja hacia el escenario. Me pongo pálida ante ese montón de gente y desesperadamente busco algo cantable entre mi repertorio de canciones memorizadas. Opto por un socorrido Heaven Help, de Lenny Kravitz. Carraspeo disimuladamente, tomo aire y cierro un poco los ojos mientras la música empieza a sonar. Empiezo a cantar suavemente, imaginándome que lanzo mi voz hacia la puerta. Miro discretamente hacia Lara y Lucas, que no pierden detalle. Después paseo mi mirada por el público, silencioso y con los ojos puestos en mí. Sonrío, parece que no desagrado a la gente. Agarro el micrófono y canto con más confianza. Cuando llega el puente cierro los ojos y me imagino que estoy sola. Escucho cómo suena mi voz, proyectada desde la garganta, y siento como si estuviera cantando sola en mi habitación. Cuando abro los ojos voy por la mitad del último estribillo y voy apagando mi voz hasta el final de la canción. Hay un instante de silencio. Me aclaro la garganta con una tos provocada y doy las gracias por escucharme. La gente de toda la sala me aplaude, y cuando voy hacia Lara, la veo con una sonrisa radiante.
-¡Chica! ¡No he escuchado a nadie como tú! ¿Cómo lo haces?-noto que se me suben los colores a las mejillas. Entonces veo a Lucas, con un brillo especial en los ojos, sonriéndome.
-Ya tengo nueva cantante favorita.
-Tampoco es eso...-digo, más que halagada por el comentario.
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Llego a casa animada y alegre por la velada. He estado hablando todo el tiempo con Lara y Lucas sobre todo. Me he reído como hacía tiempo que no reía, y ahora me siento feliz y relajada, en especial por la pequeña despedida con Lucas. Estábamos fuera, yo ya me iba, pero seguíamos hablando.
-Bueno, me voy.
-¿Volverás?
-¿Te interesa?
-Quiero escucharte. Me he enamorado de cómo cantas.
-Tu música está en tus ojos-le he dicho, sonriente, y cuando él se inclinaba para besarme la mejilla  he girado un poco la cara y le he besado la comisura. Después he vuelto a mirarle los ojos y me he ido, sintiéndome la persona más feliz en la Tierra.

Ahora estoy delante de un té humeante. Mi madre también bebe una infusión. Me contó una vez que ella de joven fumaba, pero que un día decidió dejar de hacerlo y, con esfuerzo y paciencia, logró dejarlo. Después me dijo que había cambiado la nicotina por la cafeína y la teína... Y me parece que yo voy por el mismo camino.

Empieza el telenoticias: el Gobierno dice, el Gobierno piensa recortar, el Gobierno prohíbe... Y después de tanta charla sobre política, aparece una noticia sobre las manifestaciones. Cuando Barcelona sale en pantalla, se me ve a mí tan idignada que casi parezco furiosa, blandiendo la pancarta y coreando. Mamá me sonríe y me dice que está orgullosa de que haya acudido. Añade que todo el mundo podrá ver la indignación de una chiquilla.

En la tele pasan a preguntarle a la gente sus opiniones. Madrid, Ciudad Real, Badajoz, Pamplona, A Coruña, Murcia y Barcelona. Aparece en pantalla una chica de mi edad, de enormes ojos marrones y melena castaña oscura, con el pelo recogido en una cola, una chaqueta forrada por dentro y una camiseta con el nombre de OutKast escrito.
-¡Es Lara!
-¿Quién?
-¡Lara, es Lara!
-Lara... Me suena mucho...

-¿Qué piensa la juventud barcelonina?
-Schopenhauer dijo que las mujeres son animales de cabellos largos e ideas cortas. Pues bien, si es cierto que la Humanidad ha avanzado algo, esta idea estúpida que ronda por la cabeza de los mandatarios del Gobierno y la Iglesia tiene que desaparecer. Somos capaces de hacer lo mismo que un hombre. Nuestro cuerpo no le pertenece a nadie, sólo a nosotras, y la mujer decide qué hacer con él. Somos mujeres; ¡somos personas!-son las fuertes palabras que le dedica Lara a la cámara. Yo me deleito y babeo, sintiendo una profunda admiración hacia mi nueva amiga.

-¡Es increíble!-exclama mamá.
-Sí, lo es-digo yo, contentísima-. Nos hemos conocido en la manifestación, y ahora...
-¡Ya sé quién es!-me interrumpe mamá-. ¡Cómo olvidarla!
-¿Qué pasa?
-¡Esta niña ayudó a nacer a su hermana! ¡Ella atendió a su madre mientras llegaba la ambulancia! ¡Y es la hija de un antiguo compañero de mi instituto!
-¿¡Qué, la conoces?!

Entonces suena el teléfono: papá me ha visto en el telediario. Me felicta y después hablamos un rato. Antes de colgar, me dice:
-Una muy buena frase. Y, cariño...
-¿Qué?
-Estabas preciosa.
-Gracias, papá. Buenas noches.
-Buenas noches, princesa.

Entonces mamá me explica mejor lo de Lara. Su padre y ella eran amigos, y perdieron el contacto con el tiempo, pero con el nacimiento de la hermana de la chica volvieron a reencontrarse y ahora hablan más a menudo. Además, resulta que, cuando la madre de Lara daba a luz, la ambulancia tardó en llegar porque había habido un incendio, y ella-Lara-ayudó a su madre a parir... Entonces yo le explico que ahora son amigos, y todo lo de cantar-exceptuando a Lucas... Eso me lo guardo sólo para mí.

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