Al llegar al instituto me da un golpe de calor tal que me quito la chaqueta. Voy a salir de clase cuando recuerdo que no tengo a nadie con quién ir. La llamada de Clara nunca llegó, tuvimos una pequeña bronca y hasta hoy. Y eso que sólo le pregunté por qué no llamó, y la que lió. Su ejercito de pijas y yo, totalmente distinta a ellas. Cuando empezaron a soltarme pullas yo les contesté con un simple "Eh, no gritéis tanto, que entre lo frescas que vais y que sois y que es febrero os va a dar frío". Y me di media vuelta y me fui. Y me quedé tan ancha.
Y ahora voy con mi anchura a mi pupitre y saco el La Sombra del Viento. Sigo leyendo por el punto en el que me quedé hasta que las clases empiezan, y cuando termina una clase reanudo la lectura. No necesito a nadie para sentirme acompañada. ¿Clara? Nada que un buen libro y mi música pueda sustituir. Al menos la pava en la que se ha convertido.
A la hora del patio me siento en un lugar donde da el sol. Escucho When I Come Arround, y la tarareo distraída mientras pienso en la manifestación que hay la semana que viene. Me termino mi madalena de chocolate y me acerco a la papelera. Me fijo que Clara and company se están riendo descaradamente de algo que está en mi dirección. Posiblemente ese alguien soy yo. Suspiro y me voy a volver a mi rinconcito de sol cuando noto unos golpecitos en el hombro. Me giro y veo a Ana articulando las palabras "sucia marginada", y le doy al Pause.
-¿Qué?
-Eso.
-Lo siento, estaba escuchando música y no te he oído.
-Ah, ese ruido tuyo...
-Ruido es tu voz, que pareces una urraca afónica, aprendiz de poligonera-escupo señalando que va enseñando medio sujetador push up.
-Es que yo puedo enseñar, ¿sabes? No como tú, que estás planísima.
-Es que a mí las tetas no me crecen de la noche a la mañana-la gente que pasaba por ahí se ríe mientras Ana capta lo que le acabo de decir y lo asimila.
-Pero es que ni con relleno podrías enseñar nada porque no hay carne que subir.
-Anda, como que tú tienes mucha... Tanta obsesión por tu IMC ha hecho que tu cerebro también baje de peso-ella se va girando porque está claro que no puede conmigo mientras me grita un "Que te den, meteriz (en vez de meretriz)". Yo levanto burdamente el dedo corazón mientras digo bien alto "Analfabeta". Me quedo temblando de ira. Estoy a punto de ponerme el auricular cuando unos chavales me aplauden mientras se ríen. Yo hago unas reverencias.
-Gracias, gracias. Espero que os haya gustado esta versión de "La Perfecta Idiota". Próximamente, cuando me siga atacando se estrenará "La Perfecta Idiota: las secuelas".
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-Todo el mundo se ha enterado.
-¿De qué?-le pregunto mientras me siento.
-La has dejado fatal-dice, con un deje de admiración en la voz.
-Esta noche no cenará, para autocastigarse-digo, con suficiencia-. ¿Cómo te fue el examen de geometría?
Los ojos oscuros de Óscar brillan mientras se le dibuja una sonrisilla en la cara. Yo también sonrío, a la espera de buenas noticias. Observo sus dientes perfectos mientras me explica cómo resolvió un problema con un dodecaedro. Entonces me pregunta por mi examen de francés y le cuento la historia que inventé en el apartado de expresión escrita. Después, cada uno se pone a lo suyo. Tengo que hacer una redacción en inglés titulada "How I knew I was growing". No me corto y explico que era la única niña en clase que no tenía pecho ni vello en las axilas, cómo a todas les venía la regla menos a mí y cómo todas se echaban novio excepto yo. Explico que mientras tanto yo devoraba libros y me iba formando mi idea sobre todo. A grandes rasgos, trata sobre cómo yo me desarrollaba mentalmente mientras las otras eran niñas con cuerpos de mujer. Concluyo con un "me dolía el pecho. Pocas semanas después, me puse el primer sujetador". Lo he escrito con mucho humor, así que supongo que tendré buena nota. Muchas veces mis profesores me han dicho cómo se iban riendo mientras leían mis redacciones, y eso me hace sentir orgullosa. Para ser la última en llevar sujetador, fui la primera en escribir con firmeza la palabra "crecer".
Meto la nariz en el libro de sociales y, al verlo, Óscar consulta conmigo algunas dudas que tiene para el próximo examen. Se sienta a mi lado para ver mejor el libro, y se inclina hacia mí. Yo intento tapar con el pelo que me estoy poniendo más roja que un pañuelo de San Fermín, y voy explicándole cosas sobre el franquismo. Le miro de reojo, y le veo totalmente concentrado en el libro y en mis explicaciones. Observo sus pestañas largas y rubias, su nariz recta y me deleito con la imagen de sus labios, que tienen pinta de ser de lo más tiernos. Entonces él levanta la cabeza y me mira directamente a los ojos. Está tan cerca que nuestras narices casi se rozan, y ahora no tengo manera de ocultar que me he convertido en un tomate cherry ojiplático. Nos quedamos dos segundos que me saben a gloria mirándonos y en esta posición, y yo pestañeo lentamente y trago saliva. Él pestañea y gira la cara, y se aparta. Aprieto los puños notando el calor en mis mejillas. Él vuelve a su sitio y yo sigo intentando centrarme. Noto que me mira y me pongo nerviosa. Levanto la mirada y ahí están sus ojos inquisidores. Empiezo a recoger y me despido, y salgo atropelladamente de la biblioteca.
Me siento una estúpida. La estúpida más feliz del universo.
Escucho mis pasos en los charcos de lluvia que se van formando, porque cada vez llueve con más fuerza. Me veo reflejada en un charco delante de un parque infantil y suspiro. Parece que mis pies tocan el suelo, aunque yo siento como si el cielo me hubiera dado alas.
Me paso el resto del día cantando, y durante la cena papá me pregunta si quiero ir a clases de canto, porque se me ve cómoda haciéndolo y así podría hacerlo sin dañar un ápice mis cuerdas vocales. Acepto encantadísima.
Una vez en la cama, pienso en la discusión con Ana, en la clase de filosofía y en la de latín, en los dos cigarros que me he fumado, en que mañana tengo gimnasia, en la letra de una canción y en los ojos de Óscar mirándome con tal intensidad que sentía que podía leer mis pensamientos, aunque lo he dejado claro al enrojecer tantísimo. Suspiro. Si lo sabe, que lo sepa.
Y me duermo.

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