Hace ya dos semanas que estamos en clase. Ahora mismo tengo latín, y Ernesto (álias "Matusalén"), el profesor decrépito que lleva impartiendo estas clases desde la edad de piedra. A pesar de los años, sus clases son divertidísimas. Él es un hombre muy activo, y no duda en disparar ráfagas de preguntas que nadie puede esquivar, todo esto aderezado con su buen humor y sus ganas de reír. Aunque estés deprimido, no hay una clase de latín en la que no saques ni una sonrisa. Ahora mismo está monologando sobre Las Aventuras del Chiflado Julius, mundialmente conocido como Julio César. Va desvariando cada vez más hasta el punto en el que te preguntas si no está hundiéndose en el profundo pozo de la demencia senil.
Después toca historia del arte. Voy un momento a la clase de al lado, y me asomo para ver si está Clara. Y sí, ahí está, vestida con un polo Lacoste y unos pantalones Calvin Klein. Lleva unas Nike bajas de color blanco, y el pelo planchado y peinado hacia atrás. Se pasa la mano por la melena, atusándose el pelo. Se nota que quiere parecer sofisticada y chic, con sus expresiones faciales, y no le sale del todo mal, más si le añades el lunar que tiene en la parte izqueirda de la barbilla. En conjunto, todo estrès BCBG. Me acerco a ella y, en una pausa, le doy unos golpecitos en el hombro. Ella se gira, mirándome por encima del hombro y, con una expresión de superioridad que me pone enferma.
-Perdona, eh, estoy hablando-entonces ve que soy yo y le dice a las otras-. Esperad un momento-se vuelve a girar hacia mí y me mira con soslayo. Analiza mi vestimenta (una camisa blanca y unos pantalones negros ajustados. Al parecer me da el visto bueno-. ¿Qué pasa?
-¿Qué te pasa a ti?-pregunto, asombrada-. Últimamente estás muy esquiva y casi diría que arisca...
Ella resopla y pone los ojos en blanco como diciendo "no-me-aburras-más".
-Bueno, lo que tú digas. ¿Qué querías?-suspiro para calmarme.
-No sé si podrás quedar hoy, me da la impresión de que estás ocupada.
-Pues no, no puedo. Tengo clase de inglés-dice, como si fuera algo muy glamuroso, cuando hace sólo dos semanas se quejaba de ello. Yo iba con ella a inglés, pero me saqué los títulos necesarios y ahora ya no voy, aunque posiblemente pronto me prepare para el último título que me queda. Entonces volveré a clases.
-Oh, cierto. Excuse me, I didn't remember-le digo, con acento.
-That's all? Are you gonna say something else?
La miro de arriba a abajo, y la taladro con las pupilas y el iris verde.
-¿Vendrás conmigo en el patio?
-No creo, voy a estar con Álex.
-Vale... Bueno, supongo que... Hablaremos por teléfono o algo.
-Sí, si eso te llamo esta noche...-parece que tiene el peso de la buena vida sobre sus hombros. Está muy tonta, y cruzo los dedos para que se le pase pronto.
Saco los apuntes y me siento en mi sitio. Me apoyo en mis puños y suspiro. Ojalá pudiera volver a tener latín y que Matusalén me alegrara de nuevo.
-Buenos días-dice Helena, la profe-. Hoy hablaremos de la pintura en el Romanticismo-dice, recalcando cada sílaba de "Romanticismo"-. En esta época se tratan los temas clásicos, además del placer por la vida, la belleza y...
Helena es una profesora muy apasionada. Normalmente, sus clases me embelesan, pero estoy pensando en Clara y desconecto un poco. Paso a apoyarme en un solo puño. Entonces me llega una notita de Eric, un chico que se sienta cerca de mí y con el que me llevo muy bien. Nos conocemos desde los diez años, y vive en la calle de enfrente de casa de papá.
Alegra esa cara :)
Se me escapa una sonrisilla. Qué majo. Suspiro, y contesto con otro breve mensaje.
Hoy me siento más barroca.
¿Qué?
Que estoy un poco oscura, triste.
¿Por qué?
Un cúmulo de despropósitos...
¿Me lo cuentas luego?
No lo dudes.
Y, en efecto, a la hora del recreo me coge por el brazo. Busco a Clara con la mirada, que está ocupadísima dejando que Álex le meta mano por todas partes (¡qué romántico! Algún día les veré haciéndolo en la mesa como si fuera lo más normal del mundo). Vuelvo la cara ante tan nefasto espectáculo. Antes iban más poco a poco, y ahora parece que, en cuanto le ve, se le suelte el sujetador automáticamente.
-¿Y bien?-me pregunta, mientras le da un bocado a su bocadillo de lomo. Yo trago un trozo del mío, que es de paté.
-Bueno... ¿Ves a esa pareja?
-¿Cuál de todas ellas?
-La chica está con la ropa medio arrugada por el incesable manoseo del otro.
-Ah... Clara.
-Sí.
-Está cambiando mucho...
-Sí... Sí. Es que... Me parece que se abre un abismo entre las dos.
Y, hablando hablando, le cuento todo lo que me ha pasado, sin dejarme ningún detalle excepto que fumo. Como ya dije, no quiero que lo sepa nadie, aunque se está extendiendo. mamá intenta esconder la mala cara que pone cuando fumo, por eso procuro no hacerlo delante de ella. Eric me escucha como solía hacerlo Clara, pero en su silencio no deja de mirarme, sus ojos brillan en cada punto álgido y me ayuda a calmarme. Me ayuda a esperanzarme por no perder a Clara, que quizás es lo que más miedo me da. Y también es sincero, porque me habla abiertamente sobre que no cree que pueda funcionar con Óscar. Le pregunto por qué y se encoge de hombros.
-Alguna razón tiene que haber.
-Pues no lo sé. Pero no creo que congeniéis mucho. O sea, os podéis llevar bien, pero él es muy... No sé cómo decirlo.
-Bueno... Yo sigo con esperanzas.
-Lo siento mucho, Maya, pero creo que deberías ir olvidándote de él.
-Bueno...
-Uuh, la parejita... No me extraña, celosa de Clara y te buscas a otro-dice Ana, una de sus nuevas amigas.
-No tengo por qué estar celosa de ella. Es mi amiga.
-¿De verdad lo crees?-y se ríe, la muy pava.
-¿De verdad crees tú que es amiga tuya, que confía en ti?
-Pues claro. Fui la primera en saber que se han acostado-me muestro indiferente.
-Es que eres la que más sabe del tema, no me extraña.
-¿Quieres aprender, estrecha?
-Quiero perderte de vista, cerda. Y ojalá sea cierto que Clara es tu amiga, así te darías cuenta de que no te la mereces-espeto, y me quedo tan ancha. Después Eric me felicita por mi maravilloso genio.
-Parecía que la ibas a desintegrar con esa mirada que has puesto... ¿Tienes láser en los ojos?
-Sí, verde, como una de las espadas de Luke Skywalker.
-A ti te veo más de yoda.
-Vete a la mierda-y le empujo cariñosamente mientras me escapo riéndome.
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Después de hacer los deberes tengo permiso para irme a dar una vuelta hasta la hora de la cena. Como Clara no me ha llamado, me llevo el móvil. Me pongo una gabardina negra y unas medias tupidas, negras tambien. Me pongo mis Converse y cojo también las llaves de casa, el tabaco, el mechero y algo de dinero. Camino por la calle, y el frío de las seis en invierno me azota en la cara, haciendo que mis mejillas se pongan rojas, lo mismo con la nariz. Llego a un bar en el que ya he estado mucahs veces, cálido, con bastante gente. Hay un escenario y sale gente a cantar y tocar, nuevos talentos. Siempre es buena música, y me encuentro a gusto. Entro y voy directamente al lavabo. Me pinto los labios de rojo (a papá no le gusta verme con ese color, dice que me hace más mayor) y vuelvo a salir. Pago un batido de chocolate caliente que me tomo muy a gusto, y escucho a la chica que ha subido al escenario. Cantará tres canciones, todas ellas de esa cantante que escribe cosas tan deprimentes sobre el amor y que tiene ese chorro de voz: Adele. La chica tiene una voz preciosa y muy potente, casi parece imposible que salga de su menudo cuerpecito.
Entonces me giro, y mi mirada se fija en un hombre alto, de espalda algo ancha. Se gira, permitiéndome ver la copa de vino que bebía y que ahora reposa en la barra. Después me fijo en su ropa. Va vestido con una camisa blanca, de modo formal, aunque no parece mayor. De hecho, da la impersión de ser joven. Miro su cara, y me quedo asombrada. Pelo castaño, barbita de tres días, labios carnosos pero no anchos que sonríen ligeramente, formando un pequeño hoyuelo al lado izquierdo de la boca... Es entonces cuando me fijo en sus ojos grandes, verdes con algún reflejo castaño, rodeados de pestañas... Y me doy cuenta de que me está mirando. No aparto la vista de él, ni él de mí. Doy dos pasos hacia adelante, y él hace el gesto de avanzar. Cuando está delante de mí, alzo la mirada hacia la suya, sin haberla apartado ni un solo instante. Nos quedamos parados, mirándonos, mientras la gente aplaude a mini-Adele, pero da la impresión de que me aplauden a mí por haber encontrado a este chico. En un momento me mira con tal intensidad que creo que me voy a caer, y es justo entonces cuando sé que me acabo de enamorar. Él entreabre la boca para decir algo. Veo su lengua un segundo, y con sus labios me dan unas ganas increíbles de besarles, tanto que me muerdo el labio inferior para evitar lamérmelo.
-Hola-dice, cordial, con una voz profunda y suave.
-Hola...-digo, casi sin aliento.
-¿Cómo estás?
¡Flipando, joder! ¿Cómo puedes ser tan guapo y estar tan bueno? ¿Qué clase de pacto tienes con el diablo?
-Bien-digo, en vez de lo que pensaba. Le doy un repaso mal disimulado, pero me da igual-. Muy bien. ¿Y tú?
-Bien-sonríe de un modo que desearía estar sola para que mis piernas temblorosas pudieran ceder.
-¿Quieres salir? Voy a tomar el aire-sin esperar respuesta, salgo del local y enciendo un cigarro. Me da un escalifrío porque he salido sin chaqueta y, aunque el vestido (también negro y algo ajustado) es de media manga, siento el frío. Aspiro con fuerza y me lleno de ese humo que lentamente me mata. Él, que me ha seguido, me pide una calada. Mira tú por donde, ahora no me importa compartir el tabaco. Observo cómo se lleva el cigarro a los labios, y está tan jodidamente sexy que se me podrían bajas las bragas solas. No, hombre, no, es broma, pero su forma de fumar es muy sensual. Me devuelve el cigarro y fumo. La boquilla se queda con restos rojos del pintalabios.
-¿Cómo te llamas?
-Maya.
-Un nombre precioso... Para una chica preciosa.
-¿Disculpa?-eso está muy gastado. Le miro con escepticismo, con una sonrisilla malvada-. No ligo con desconocidos.
-¿Y esa mirada y esa sonrisa?
Exhalo el humo de esta calada en su cara. Él sonríe, y se presenta como Lucas.
-Encantada.
-¿Y cuántos años tienes?
-¿Eres un pedófilo?
-No se considera pedófilo a quien va con mujeres.
-Tú primero-digo, con fingida indiferencia.
-Veintisiete.
¡COÑO! ¡Es DOCE años mayor que yo! Me corto un poco, y carraspeo.
-No preguntes por mi edad, pregunta por mí-me salgo por la tangente.
-¿Diecisiete?
-Escucho Green Day, Nirvana, The Clash, My Chemical Romance. Me gusta Tim Burton, también Tarantino. No soporto dramones, ni siquiera Titanic. El humor negro es mi vía de escape. Y el tabaco. Me gusta cantar-digo de un tirón.
-Canta.
-Para eso tendrás que pagar.
-Sé todo esto de ti, y tú sólo sabes mi edad.
-Y me sobra saberlo para mirar-aprovecho y vuelvo a mirar sus labios.
-¿Sí? ¿Y qué ves?
-A un veinteañero guapísimo...-se inclina hacia mí, y cuando cree que me va a besar, acabo-. Y desesperado.
Me escapo y nos sonreímos, él incrédulo y yo poderosa. Entro en el bar, me pierdo entre la marabunta, recojo los bártulos y me voy sin decir ni pío.
¿Qué hubiera pasado si me hubiera dejado besar? Que no volvería a verle nunca. Ahora puede buscarme.
Miro el móvil: no hay señales de Clara. Suspiro, y me quito el pintalabios.
Jugamos a ser un enigma.

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