-¿Qué dices? Pues vaya amiga-me dice Lara mientras seca copas.
-Lo sé. Y mira que somos... éramos- me corrijo- amigas desde siempre. Y se le han pegado los modales de esas pavas... Y ahora es una impresentable. Ya no es ella.
-Entonces, si la echas de menos, sabes que lo que añoras es el pasado, no lo que es ahora.
-Sí...-me bebo el resto del batido-. Ayer estuve llorando todo el tiempo, pero hoy estoy tratando seguir como siempre. He estado hablando con Eric, "atendiendo" en clase, fumando, leyendo, escuchando música, cantando y...-me detengo y me pongo a mirar el fondo del vaso.
-¿Y?-inquiere Lara, mirándome un momento con media sonrisa y las cejas algo enarcadas.
-Y con Óscar-suspiro. Hoy, en la biblioteca, estaba bastante hablador. Me ha explicado cosas sobre su familia y sobre lo que él hace. Nos hemos reído y no ha parado de sonreírme, y tenía cara de bobo y una mirada especialmente brillante. Además, llevaba unas lentillas de prueba, y está aún más guapo, con esos ojos pardos, su pelo rubio, la pose desgarbada, la nariz recta y los labios finos... Le he comentado que le sentaba bien no levar gafas, y me ha explicado que la semana que viene le darán las lentillas para el mes entero, pero que estos días que vienen llevará gafas.
-Volveré a afearme, vaya-ha bromeado.
-Estás guapo de todos modos-he dicho entre risas y he conseguido que suene natural (no sé cómo). Hemos seguido hablando hasta que nos íbamos. Le he tendido uno de sus libros y, sonriente y con expresión soñadora, lo ha cogido. Ha sido sólo un instante, pero el roce de sus dedos sobre los míos ha sido como un chispazo electrizante. Es curioso cómo, cuando uno está enamorado, todos estos pequeños detalles cuentan y son algo memorabñe.
-¿Y el tío que viene por aquí?-pregunta Lara cuando acabo.
-¿Lucas?
-Es guapísimo.
-Sí... Y tiene una brillante conversación. El otro día estuvimos hablando de literatura un buen rato.
-¿Qué edad tiene?
-Veintisiete.
-¿¡TANTOS?!-se escandaliza.
-Sí. Yo pensaba que tenía diez menos.
-Y yo... Con esa sonrisilla, esos ojos...
-Esa barbita de tres días...
-Calla, que estoy en horario laboral...-se ríe-. Aunque debería haber sospechado sobre su edad, porque siempre va en camisa. ¿Qué clase de chaval va encamisado cada día?
-El otro día iba con sudadera.
-¿Yo libraba?
-Sí.
-Qué mala suerte.
-Era azul oscura. Le quedaba...-digo. Tiendo al melodrama, pero esta vez está más que justificado.
-Tiene pinta de cabrón.
-Sí, puede. Pero es que está tremendo...-Lara se ríe ante mi exageradísima expresión famélica-. Es muy inteligente.
-Eso parece. Tiene un humor similar al nuestro. En definitiva, sois almas gemelas-dice ella con voz de falsete y cara de pava. Nos reímos.
-De todos modos, nunca seré nada para él.
-Idiota-me salpica con agua-. Eres tan ababol como tu "amiga".
-¡Es verdad! Él es el tío...
-NO EXISTE EL TÍO PERFECTO-me corta.
-Lo sé. Iba a decir "óptimo". Es un espejismo.
-Pues va bastante detrás de ti... Oye, es muy guapo... Pero es que os lleváis doce años-dice, en un susurro apenas audible.
-Pero él no lo sabe.
-¿¡No?!-me mira atónita.
-No. Soy buena con las evasivas.
Hablamos un rato más. Me pregunto por qué Lucas y Óscar no están en mi mente al mismo tiempo. Si estoy con uno es como si el otro desapareciera. Es curioso que no pueda pensar en ambos a la vez, aunque lo mismo ocurre con Clara y Lara, a menos que decida ser cruel (y justa) y compararlas, aunque quizás es que no quiero acordarme de ella.
-Me voy, Lara. Vendré pronto.
-¿Te toca con tu padre?
-Sí-digo, mientras pago.
-¿Entonces no verás a Lucas?-me da el cambio.
-No, pero dale esto de mi parte-le tiendo un sobre-. Por favor-sonrío.
-No lo dudes-me guiña un ojo.
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Hoy voy con papá a la montaña. Solemos hacer excursiones juntos, y ya era hora de volver. Vamos con pantalones cómodos, sudaderas a la cintura y las camisetas sudadas de la caminata. Me fijo en que su barriga es menos prominente, y me imagino que no piensa quedarse soltero para siempre. Vamos hablando del instituto, mis clases de canto, las suyas en la Universidad, de cocina y de excursiones pasadas.
Una vez en la cima nos sentamos en la hierba fresca y conetmplamos montes cercanos, nubes, cielo y, en resumen, la naturaleza. Me harto a hacer fotos, y en las que salgo con papá son, o muy bonitas, o muy divertidas.
-Un pedazo de felicidad que recordar-le digo a papá con una sonrisa en el semblante.
-Lo importante es haberlo compartido contigo-me dice, y me abraza.
Me tumbo en el césped mullido y cierro los ojos, y noto la frescura del ambiente en mi piel, en todas partes. Respiro honda y lentamente. Aquí arriba parece que el tiempo transcurre más lentamente, que todo es más limpio. Es el lugar perfecto para pensar en todo y en nada, y yo escojo lo último. Armonía. Sólo las hojas meciéndose, el agua del lago creando ondas con el suave aire y yo.
Entonces la realidad vuelve a caer en mí con todo su peso cuando, al entrar en Facebook, veo unas fotos de clara fumando porros y con una cachimba. Strike 3 y eliminada. Me quedo de piedra. No soy la más indicada para hacerlo, pero en la soledad de mi cuarto, ojiplática y con la boca algo abierta, mi voz es un susurro entrecortado:
-Clara... ¿Qué te estás haciendo?

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