Estimados lectores:
Me temo que esta historia ha quedado estancada así que el blog permanecerá sin actualizaciones durante una temporada. Si en cierto plazo no vuelvo a escribir una entrada, lo abandonaré como unos capítulos inacabados, pero no cerraré el sitio.
Gracias por vuestra comprensión.
Con cariño,
La Autora.
domingo, 25 de noviembre de 2012
sábado, 13 de octubre de 2012
-En proceso-
Estimados lectores:
Debido al comienzo de las clases, tengo menos tiempo para dibujar y escribir. Ruego vuestras disculpas, pues en cuanto pueda, colgaré un capítulo nuevo.
Saludos,
La autora.
Debido al comienzo de las clases, tengo menos tiempo para dibujar y escribir. Ruego vuestras disculpas, pues en cuanto pueda, colgaré un capítulo nuevo.
Saludos,
La autora.
domingo, 30 de septiembre de 2012
Capítulo 13-Intervalos felices
Esto de salir con Lucas me ha sentado como un chute de adrenalina, energía y felicidad inacabables. Rindo mucho más en el colegio, estoy mejor en casa y no puedo parar de sonreír. Incluso la ansiedad por dejar el tabaco se reduce, y hay días en los que ni siquiera enciendo un cigarro. Me siento feliz, feliz, feliz, tanto que ni me molesto en pensar en Clara o en Ana. Estoy contenta como no lo he estado en mucho tiempo, y eso me hace ser más alegre y, en fin, es un ciclo de alegría interminable.
-No dejas de sonreír. ¿Te ha tocado la lotería o algo?-me dice Eric, que parece curioso ante tanta sonrisa mía.
-No... Bueno, no. Sabes... ¿Te acuerdas del chico que estaba en la puerta de casa el otro día?
-Sí-dijo. Suspiré.
-Bueno, pues el caso es que me lleva gustando desde hace... Desde hace bastante-dije. Carraspeé-. Y ahora, por fin... Estamos juntos y... estoy muy... contenta-acabé, notando que las mejillas me ardían-. Oye, no quiero seguir hablando de chicos contigo, que es muy extraño-me río, y le doy un puñetazo suave en el hombro. Él sonríe.
-Sí, será mejor que sí. Oye, ¿quieres ir al cine un día de estos?
-¿Qué? Sí, claro, por supuesto. Pero ahora tengo menos tiempo, ya sabes, entre las clases de canto y Lucas...
-Ya. Bueno, llámame esta tarde y concretamos.
-Claro.
Como no tengo deberes, me paso toda la tarde en el café, hablando con Lara. Hoy sale antes, así que nos vamos a pasear y acabamos subidas en un sauce en el parque, junto al lago. Le cuento la buena nueva, y ella la acoge festejando mucho, y aplaudiendo, y riendo y dándome achuchones. Le pregunto por sus cosas y me explica que está empezando a dar clases particulares de matemáticas, física y química y francés.
-¿No vas un poco estresada?
-No. Estos días trabajo menos, porque como no hay vacaciones hay menos clientes, entonces tengo tiempo para las clases y para estudiar.
-Igual te pido ayuda.
-Para ti sería gratis-dice, sonriéndome.
-¡Ah, no! ¡Necesitas ese dinero!
-Qué más da...-dice, con una risita, y después suspira.
-Eh, eh, eh... Eso de suspirar es totalmente nuevo-digo, arqueando una ceja con precisión. Ella sonríe y suspira otra vez.
-Creo que me estoy enamorando.
Obviamente, le hago una batería de preguntas: quién es, cómo es, desde cuándo, cómo es que estás enamorada, quieres salir con él, él te quiere a ti, etcétera etcétera.
-No, no. A ver... No creo que le guste. Es que es muy simpático y siento que con él me entiendo a la perfección... Y además, es muy guapo, y...-descubro que se llama Gabriel, que es de la edad de Lara y que se conocen desde siempre, y más cosas que no necesito saber pero que estoy encantada de que ella las comparta conmigo. Cuando acaba de relatar todas las exquisiteces de este chico, suspira y se deja caer por la corteza, llenándose el pelo de trozos de árbol. Yo salto tras ella y vamos caminando hacia su casa. Nos despedimos y, mientras vuelvo a casa de mamá, llamo a Eric.
-¿Sí?
-Hola-digo, alegremente.
-¡Hola!-dice él. No sé por qué, intuyo que sonríe. Quizás por el tono de su voz.
-¿Cómo estás?
-Bien, bien, claro. ¿Y tú?
-Yo muy bien. Oye, sobre lo del cine, ¿cuándo quieres que...?
-A mí, en principio, me viene bien el viernes.
-El viernes es lo del "fiestorro" ese-digo, ironizando. El viernes se ha organizado la Fiesta de Primavera del colegio. Es de noche, en el gimnasio, y se supone que TODOS tenemos que ir. Estoy pensando con qué falsa enfermedad me voy a excusar.
-¿Quieres ir?
-¡No!-me río-. Al cine sí, pero al instituto no.
-Ya, bueno... No sé si sabes una cosa que me ha dicho el profesor de música.
-¿Qué?
-Evaluará a la gente en un karaoke que habrá y...
-¿Y?-digo, intrigada. Me llevo muy bien con el profesor de música, y está claro que su asignatura es mi preferida.
-Y está preparando un concierto con la Escuela de Música para la Fiesta Mayor, y escogerá al mejor para que cante delante de todo el barrio-suelta.
-¿¡Que QUÉ?!-grito. Después me disculpo por reventarle el tímpano-. Qué dices...
-Sí.
-Pues mierda. Tendré que ir-pienso-. Mira, hacemos una cosa: vamos a comer y a la primera sesión del cine, salimos a las cinco y cada uno a su casa, porque yo me tengo que preparar, y supongo que ya nos veremos allí.
-Está bien. Nos vemos mañana.
-Adiós-me despido.
-Adiós.
-No dejas de sonreír. ¿Te ha tocado la lotería o algo?-me dice Eric, que parece curioso ante tanta sonrisa mía.
-No... Bueno, no. Sabes... ¿Te acuerdas del chico que estaba en la puerta de casa el otro día?
-Sí-dijo. Suspiré.
-Bueno, pues el caso es que me lleva gustando desde hace... Desde hace bastante-dije. Carraspeé-. Y ahora, por fin... Estamos juntos y... estoy muy... contenta-acabé, notando que las mejillas me ardían-. Oye, no quiero seguir hablando de chicos contigo, que es muy extraño-me río, y le doy un puñetazo suave en el hombro. Él sonríe.
-Sí, será mejor que sí. Oye, ¿quieres ir al cine un día de estos?
-¿Qué? Sí, claro, por supuesto. Pero ahora tengo menos tiempo, ya sabes, entre las clases de canto y Lucas...
-Ya. Bueno, llámame esta tarde y concretamos.
-Claro.
Como no tengo deberes, me paso toda la tarde en el café, hablando con Lara. Hoy sale antes, así que nos vamos a pasear y acabamos subidas en un sauce en el parque, junto al lago. Le cuento la buena nueva, y ella la acoge festejando mucho, y aplaudiendo, y riendo y dándome achuchones. Le pregunto por sus cosas y me explica que está empezando a dar clases particulares de matemáticas, física y química y francés.
-¿No vas un poco estresada?
-No. Estos días trabajo menos, porque como no hay vacaciones hay menos clientes, entonces tengo tiempo para las clases y para estudiar.
-Igual te pido ayuda.
-Para ti sería gratis-dice, sonriéndome.
-¡Ah, no! ¡Necesitas ese dinero!
-Qué más da...-dice, con una risita, y después suspira.
-Eh, eh, eh... Eso de suspirar es totalmente nuevo-digo, arqueando una ceja con precisión. Ella sonríe y suspira otra vez.
-Creo que me estoy enamorando.
Obviamente, le hago una batería de preguntas: quién es, cómo es, desde cuándo, cómo es que estás enamorada, quieres salir con él, él te quiere a ti, etcétera etcétera.
-No, no. A ver... No creo que le guste. Es que es muy simpático y siento que con él me entiendo a la perfección... Y además, es muy guapo, y...-descubro que se llama Gabriel, que es de la edad de Lara y que se conocen desde siempre, y más cosas que no necesito saber pero que estoy encantada de que ella las comparta conmigo. Cuando acaba de relatar todas las exquisiteces de este chico, suspira y se deja caer por la corteza, llenándose el pelo de trozos de árbol. Yo salto tras ella y vamos caminando hacia su casa. Nos despedimos y, mientras vuelvo a casa de mamá, llamo a Eric.
-¿Sí?
-Hola-digo, alegremente.
-¡Hola!-dice él. No sé por qué, intuyo que sonríe. Quizás por el tono de su voz.
-¿Cómo estás?
-Bien, bien, claro. ¿Y tú?
-Yo muy bien. Oye, sobre lo del cine, ¿cuándo quieres que...?
-A mí, en principio, me viene bien el viernes.
-El viernes es lo del "fiestorro" ese-digo, ironizando. El viernes se ha organizado la Fiesta de Primavera del colegio. Es de noche, en el gimnasio, y se supone que TODOS tenemos que ir. Estoy pensando con qué falsa enfermedad me voy a excusar.
-¿Quieres ir?
-¡No!-me río-. Al cine sí, pero al instituto no.
-Ya, bueno... No sé si sabes una cosa que me ha dicho el profesor de música.
-¿Qué?
-Evaluará a la gente en un karaoke que habrá y...
-¿Y?-digo, intrigada. Me llevo muy bien con el profesor de música, y está claro que su asignatura es mi preferida.
-Y está preparando un concierto con la Escuela de Música para la Fiesta Mayor, y escogerá al mejor para que cante delante de todo el barrio-suelta.
-¿¡Que QUÉ?!-grito. Después me disculpo por reventarle el tímpano-. Qué dices...
-Sí.
-Pues mierda. Tendré que ir-pienso-. Mira, hacemos una cosa: vamos a comer y a la primera sesión del cine, salimos a las cinco y cada uno a su casa, porque yo me tengo que preparar, y supongo que ya nos veremos allí.
-Está bien. Nos vemos mañana.
-Adiós-me despido.
-Adiós.
sábado, 22 de septiembre de 2012
Capítulo 12-"Ra-Ra-Rasputin"
Estoy de mal humor. Todo el mundo me besa y nadie me da explicaciones. Llevo ya unos días dándole vueltas a lo de Ana. No creo que me vaya a decir nada, ni a aclararme el por qué de lo de que me besara. Es muy extraño. Es como si un chico que no te gusta te besara, quiero decir, un chico que no te atrae. Es curioso. No despertó en mí ninguna emoción que no fuera la incredulidad y la sorpresa. No sé cómo explicármelo, todo está en la mente de Ana, o ni siquiera eso.
Y Lucas... Hay mucho que comentar. Le dije lo de mi edad. Es que no creía que estuviera bien, aunque deseara ese beso con todas mis fuerzas. Y fue tan rápido, y tan confuso... Quince años. Nos llevamos doce, es muchísimo tiempo, más en mi vida, ya que sólo soy una niña. ¿A qué he estado jugando? ¿A flirtear con un HOMBRE, cuando ni siquiera tengo claro cómo administrar mi paga semanal (¿libros y CDs o ropa? Necesito comprar algo que ponerme porque ya mismo iré de manga corta, pero es que la literatura y la música me chiflan, y necesito expandir horizontes). Me siento más niña y más estúpida que nunca. ¿Qué me esperaba, que viniera a mí, tener una relación seria con él, pasear largas tardes a lo largo del río mientras se hace de noche, compartir cafés, ir a comer juntos, abrazarnos, caminar cogidos de la mano...? Por Dios. Soy un bebé idiotizado por los encantos de un tío bueno, inteligente y simpático. No sé qué me creo. No sé que me creía.
Pero es que me besó. Iba en mi búsqueda para besarme. Siente algo por mí.
¿Y lo he echado todo a perder? Probablemente. Soy imbécil. Él tiene VEINTISIETE años. Ah, no, veintiocho, que los cumplió hace poco. Es tanto tiempo... Y yo con una esperanza que no me atrevía a admitir, pensando exactamente eso, que él quizás podría quererme, aunque fuera sólo un poquito. Por una parte, me siento feliz y con renovada confianza en mí misma. Lucas siempre pone el listón alto respecto a las mujeres, así que quizás por eso me siento... No sé. Me miro al espejo y me creo que soy un poco más guapa. Lo malo es la otra parte, que sabe que tengo quince años, y que probablemente piensa que es un pederasta, y estará golpeándose la cabeza contra una pared cualquiera. Ojalá pudiera decirle que no. Si yo le gusto, o le gustaba sin saber mi edad, no sé por qué tendría que cambiar ahora que sí la sabe. Los sentimientos deberían ser los mismos.
No dejo de pensarlo. En la última clase del día, presto atención, aunque de fondo sigue el mismo rumor de <<¿Por qué no le gustas? La has cagado. Eres tonta. Olvídate de él. Ya no hay nada que hacer. Pero, ¿por qué no ibas a gustarle? Al fin y al cabo, te besó... Y cada vez que lo recuerdas se te ponen los pelos de punta, y sientes que podrías levitar, justo como ahora. Eres tonta, chica>>. Y es curioso, porque mientras tanto estoy escuchando todos los detalles sobre los zares rusos, entonces mis pensamientos se mezclan con nombres como "dinastía Romanov" y "Rasputín", y mi cerebro canta mentalmente: "Ra-Ra-Rasputin, Russia's greatest love machine...". Me plantearía el ingreso en un psiquiatra si estuviera de humor, pero no lo estoy. Lo único que me alegra un poco es la perspectiva de poder hablar un poco con Eric de camino a casa y desconectar durante cinco minutillos, aunque conociéndome, no seré capaz.
Cuando recojo mis cosas y las meto en la mochila, sigo con el mismo pensamiento. Es como si alguien le hubiera dado al modo "Repetir" y no fuera a pulsar el "Aleatorio" jamás.
-Hola.
-Menos mal que por fin te veo. No puedo más, me va a explotar la cabeza.
-Te queda bien el vestido.
-Gracias. Y a ti la camisa-camisa. Como Lucas.
-¿Se ha arreglado ya algo con Ana?
-Buf, no. Todo sigue igual. No me dice ni media.
-Pregúntaselo tú.
-Otro día, hoy no estoy de buen café.
-Vaya... ¿Sabes qué?
-Dime.
-Me he comprado un libro de física y química, sobre la teoría de la relatividad de Einstein. Es muy interesante.
-Oh. Supongo que vendrá con un laboratorio casero incorporado: haga su bomba nuclear usted mismo-él se ríe, y procede a explicarme cosas sobre la física que, lo siento mucho, no me interesan demasiado. Ra-Ra-Rasputin... Sus incursiones en los confines de la masa por la velocidad de la luz al cuadrado no logran despegarme de mis deprimentes y obsesivos pensamientos. <<¿Por qué no me quiere? Si le gustaba, debería gustarle también ahora...>>, etcétera etcétera.
Cuando llegamos a la puerta de casa de papá, Lucas está ahí, muy serio, esperándome. Noto que me pongo roja hasta las orejas. Boney M cesa por un momento en mi cabeza, y sólo puedo pensar: <<¡ESTÁ AQUÍ!>>. No sé qué cara de pánfila debo estar poniendo, pero noto que me arden las orejas, así que debo estar ruborizada hasta el cuero cabelludo. Eric también ve a Lucas, por lo que no es una imaginación mía.
-Eh, Maya...-yo estoy demasiado ocupada como para dejar de mirar a Lucas con los ojos abiertos como platos-. Maya, me voy. Ya nos veremos mañana, en el instituto.
-Sí, eh...-musito, levantando levemente la mano para despedirme. Eric se aleja a toda prisa, y yo intento guardar la compostura. Me echo una ojeada en una ventana impoluta que da a la calle y, al parecer, no estoy sonrojada, es sólo la sensación. Me pongo muy digna y estiro la espalda lo máximo que la mochila cargada de libros me permite. Me aparto el flequillo de la cara. Lo tengo demasiado largo, iré a cortármelo en cuanto pueda,. y también variaré la longitud del resto del cabello-. Hola. ¿Qué haces aquí?-por dentro, estoy loca de contenta de que haya venido, pero no dejo de pensar en cómo me he sentido, y me enfado un poco.
-Eh, venía a dirculparme.
-¿Por qué? ¿Por estar dándome esperanzas durante casi medio año o por dejarme tirada en la calle sin dar explicaciones, como si fuera un monstruo?-no me reprimo y lo digo todo de tirada, con pose de princesa ofendida.
-Lo siento mucho, Maya, lo siento mucho. Todo-me obliga a mirarle a los ojos y me toma de las manos-. Maya, te quiero. Me da igual si tienes quince, veinte, treinta y cinco o setenta años, te quiero, y punto. Siento mucho haberme comportado así, pero es que, por favor, comprende que...
-Que nos llevamos más de doce años y que te sientes un pedófilo. No pasa nada. No sabías mi edad. Lo siento-me congracio con él.
-Perfecto-dice, con una sonrisa impresionante-. Entonces, esto es que...-no espero a que acabe. Me pongo de puntillas y lo abrazo por el cuello. Inmediatamente, él me rodea por la cintura y me aprieta contra su cuerpo, y yo siento como si hubiera un concierto bajo mi piel. Nos besamos durante un buen rato, y debo decir que lo hace muy, muy, muy bien. Cuando dejamos de besarnos (ya me dolía la mandíbula y estaba cansada de estar tanto rato de puntillas), digo:
-¿Y entonces, qué?
-Quiero estar contigo-lo dice de una manera tan firme que tengo que apoyarme muy disimuladamente en la puerta para no caerme, porque siento que la tierra se mueve bajo mis pies.
-Entonces ya está todo dicho-él asiente, sonriendo, se inclina hacia mí y me da un beso suave y corto en los labios.
-Hasta la próxima-yo le sonrío y consigo meter la llave en la cerradura del portal. Entro en casa: aún no ha llegado papá. Siento que estoy a un palmo del suelo, y que la cara de boba que llevo no se me quita ni a bofetadas. Corro hacia mi cuarto y observo, una vez más, la foto.
Creo que a partir de ahora tengo una fuente de felicidad y polvos de hada para hartarme.
No me hartaré.
Y Lucas... Hay mucho que comentar. Le dije lo de mi edad. Es que no creía que estuviera bien, aunque deseara ese beso con todas mis fuerzas. Y fue tan rápido, y tan confuso... Quince años. Nos llevamos doce, es muchísimo tiempo, más en mi vida, ya que sólo soy una niña. ¿A qué he estado jugando? ¿A flirtear con un HOMBRE, cuando ni siquiera tengo claro cómo administrar mi paga semanal (¿libros y CDs o ropa? Necesito comprar algo que ponerme porque ya mismo iré de manga corta, pero es que la literatura y la música me chiflan, y necesito expandir horizontes). Me siento más niña y más estúpida que nunca. ¿Qué me esperaba, que viniera a mí, tener una relación seria con él, pasear largas tardes a lo largo del río mientras se hace de noche, compartir cafés, ir a comer juntos, abrazarnos, caminar cogidos de la mano...? Por Dios. Soy un bebé idiotizado por los encantos de un tío bueno, inteligente y simpático. No sé qué me creo. No sé que me creía.
Pero es que me besó. Iba en mi búsqueda para besarme. Siente algo por mí.
¿Y lo he echado todo a perder? Probablemente. Soy imbécil. Él tiene VEINTISIETE años. Ah, no, veintiocho, que los cumplió hace poco. Es tanto tiempo... Y yo con una esperanza que no me atrevía a admitir, pensando exactamente eso, que él quizás podría quererme, aunque fuera sólo un poquito. Por una parte, me siento feliz y con renovada confianza en mí misma. Lucas siempre pone el listón alto respecto a las mujeres, así que quizás por eso me siento... No sé. Me miro al espejo y me creo que soy un poco más guapa. Lo malo es la otra parte, que sabe que tengo quince años, y que probablemente piensa que es un pederasta, y estará golpeándose la cabeza contra una pared cualquiera. Ojalá pudiera decirle que no. Si yo le gusto, o le gustaba sin saber mi edad, no sé por qué tendría que cambiar ahora que sí la sabe. Los sentimientos deberían ser los mismos.
No dejo de pensarlo. En la última clase del día, presto atención, aunque de fondo sigue el mismo rumor de <<¿Por qué no le gustas? La has cagado. Eres tonta. Olvídate de él. Ya no hay nada que hacer. Pero, ¿por qué no ibas a gustarle? Al fin y al cabo, te besó... Y cada vez que lo recuerdas se te ponen los pelos de punta, y sientes que podrías levitar, justo como ahora. Eres tonta, chica>>. Y es curioso, porque mientras tanto estoy escuchando todos los detalles sobre los zares rusos, entonces mis pensamientos se mezclan con nombres como "dinastía Romanov" y "Rasputín", y mi cerebro canta mentalmente: "Ra-Ra-Rasputin, Russia's greatest love machine...". Me plantearía el ingreso en un psiquiatra si estuviera de humor, pero no lo estoy. Lo único que me alegra un poco es la perspectiva de poder hablar un poco con Eric de camino a casa y desconectar durante cinco minutillos, aunque conociéndome, no seré capaz.
Cuando recojo mis cosas y las meto en la mochila, sigo con el mismo pensamiento. Es como si alguien le hubiera dado al modo "Repetir" y no fuera a pulsar el "Aleatorio" jamás.
-Hola.
-Menos mal que por fin te veo. No puedo más, me va a explotar la cabeza.
-Te queda bien el vestido.
-Gracias. Y a ti la camisa-camisa. Como Lucas.
-¿Se ha arreglado ya algo con Ana?
-Buf, no. Todo sigue igual. No me dice ni media.
-Pregúntaselo tú.
-Otro día, hoy no estoy de buen café.
-Vaya... ¿Sabes qué?
-Dime.
-Me he comprado un libro de física y química, sobre la teoría de la relatividad de Einstein. Es muy interesante.
-Oh. Supongo que vendrá con un laboratorio casero incorporado: haga su bomba nuclear usted mismo-él se ríe, y procede a explicarme cosas sobre la física que, lo siento mucho, no me interesan demasiado. Ra-Ra-Rasputin... Sus incursiones en los confines de la masa por la velocidad de la luz al cuadrado no logran despegarme de mis deprimentes y obsesivos pensamientos. <<¿Por qué no me quiere? Si le gustaba, debería gustarle también ahora...>>, etcétera etcétera.
Cuando llegamos a la puerta de casa de papá, Lucas está ahí, muy serio, esperándome. Noto que me pongo roja hasta las orejas. Boney M cesa por un momento en mi cabeza, y sólo puedo pensar: <<¡ESTÁ AQUÍ!>>. No sé qué cara de pánfila debo estar poniendo, pero noto que me arden las orejas, así que debo estar ruborizada hasta el cuero cabelludo. Eric también ve a Lucas, por lo que no es una imaginación mía.
-Eh, Maya...-yo estoy demasiado ocupada como para dejar de mirar a Lucas con los ojos abiertos como platos-. Maya, me voy. Ya nos veremos mañana, en el instituto.
-Sí, eh...-musito, levantando levemente la mano para despedirme. Eric se aleja a toda prisa, y yo intento guardar la compostura. Me echo una ojeada en una ventana impoluta que da a la calle y, al parecer, no estoy sonrojada, es sólo la sensación. Me pongo muy digna y estiro la espalda lo máximo que la mochila cargada de libros me permite. Me aparto el flequillo de la cara. Lo tengo demasiado largo, iré a cortármelo en cuanto pueda,. y también variaré la longitud del resto del cabello-. Hola. ¿Qué haces aquí?-por dentro, estoy loca de contenta de que haya venido, pero no dejo de pensar en cómo me he sentido, y me enfado un poco.
-Eh, venía a dirculparme.
-¿Por qué? ¿Por estar dándome esperanzas durante casi medio año o por dejarme tirada en la calle sin dar explicaciones, como si fuera un monstruo?-no me reprimo y lo digo todo de tirada, con pose de princesa ofendida.
-Lo siento mucho, Maya, lo siento mucho. Todo-me obliga a mirarle a los ojos y me toma de las manos-. Maya, te quiero. Me da igual si tienes quince, veinte, treinta y cinco o setenta años, te quiero, y punto. Siento mucho haberme comportado así, pero es que, por favor, comprende que...
-Que nos llevamos más de doce años y que te sientes un pedófilo. No pasa nada. No sabías mi edad. Lo siento-me congracio con él.
-Perfecto-dice, con una sonrisa impresionante-. Entonces, esto es que...-no espero a que acabe. Me pongo de puntillas y lo abrazo por el cuello. Inmediatamente, él me rodea por la cintura y me aprieta contra su cuerpo, y yo siento como si hubiera un concierto bajo mi piel. Nos besamos durante un buen rato, y debo decir que lo hace muy, muy, muy bien. Cuando dejamos de besarnos (ya me dolía la mandíbula y estaba cansada de estar tanto rato de puntillas), digo:
-¿Y entonces, qué?
-Quiero estar contigo-lo dice de una manera tan firme que tengo que apoyarme muy disimuladamente en la puerta para no caerme, porque siento que la tierra se mueve bajo mis pies.
-Entonces ya está todo dicho-él asiente, sonriendo, se inclina hacia mí y me da un beso suave y corto en los labios.
-Hasta la próxima-yo le sonrío y consigo meter la llave en la cerradura del portal. Entro en casa: aún no ha llegado papá. Siento que estoy a un palmo del suelo, y que la cara de boba que llevo no se me quita ni a bofetadas. Corro hacia mi cuarto y observo, una vez más, la foto.
Creo que a partir de ahora tengo una fuente de felicidad y polvos de hada para hartarme.
No me hartaré.
viernes, 14 de septiembre de 2012
Capítulo 11-Sigo tu camino
-Sí. No entiendo nada de nada. La suerte es que ahora tengo tiempo libre... O más bien es una desgracia. Tengo tiempo para todo, es decir, para comerme el tarro con lo imbécil que se ha vuelto Clara, lo que me gusta Lucas y las pocas posibilidades que tengo con él, lo de Ana y su no-heterosexualidad y, por supuesto, lo que piensa Eric respecto al tabaco. No sé qué es lo que me cuesta más procesar.
-Bueno, lo cierto es que parece que te pasa todo a la vez. Clara no debería contar para nada, después de todo lo que...
-Ya, pero eso es lo que hace que sí me importe, muy a mi pesar: que ahora estamos en ese "después de todo", o sea, lo que ha pasado hasta ahora ha sido algo importante para mí, y...
-Oye. Basta ya. Estás de vacaciones, ¡relájate! Ya lo has dicho: tienes tiempo para pensar... Y para olvidarte de todo. Borrón y cuenta nueva. Lo que de verdad me deja anonadada es lo de la tal Ana...
-¿Sí? Pues me ha llamado hace un rato, y no lo he cogido. Total, ¿para qué?
-¿Para que te expliqué por qué pasó, por ejemplo?-suspiro, exasperada, y cambio de tema.
-¿Cómo fue lo de matemáticas?
-He quedado segunda-dice, con una sonrisa. Le doy un abrazo de oso: me alegro muchísimo por ella, y me la como a besos repitiendo "felicidades" un millón de veces y media-. Bueno, buena, ya vale, pegajosa-dice, entre risas-. La verdad es que estoy muy contenta... No es mucho dinero, pero ayuda bastante. Lo estamos guardando para los libros de texto del año siguiente...
-Oye, Lara-le digo, en voz baja, porque temo tocar un tema delicado-. ¿No es difícil para ti esto?
-¿Esto? ¿El qué?
-Esto. Trabajar para vivir.
-Bueno, tarde o temprano tengo que empezar, ¿no?
-Sí, pero... Tenemos la misma edad, y me parece que vivimos en galaxias diferentes. Mis problemas parecen nimios al lado de los tuyos.
-No tengo ningún problema, de verdad. Trabajo para ayudar a mi familia, y por mí: tengo que ir a la Universidad. Además, ya sabes que estudio tanto para conseguir becas y que sea más sencillo...
-Lara... En mi familia tampoco vamos súper sobrados de pasta, pero siempre que...
-No, Maya. No acepto limosnas. Vivo con lo que consigo yo misma y, aunque tengo que invertir tanto tiempo y esforzarme tanto, al final del día, un segundo antes de dormirme, me da una sensación de orgullo y felicidad que no puedo comparar con nada. ¡Estoy bien con lo que hago! Me gusta, porque me dice que me sirvo por mí misma, que puedo ser autosuficiente, y además ayudo a mi familia... ¿Te crees que yo tengo muchos amigos? ¡No, claro que no! Trabajo y estudio mucho, apenas tengo tiempo para salir por ahí, así que la gente se acaba alejando... Lo que es comprensible: ¿quién quiere a alguien que nunca puede estar? Nadie, por supuesto. A veces creo que es mejor, porque puedo concentrarme más en mis ocupaciones, al fin y al cabo, esto es por el futuro... Y no hay casi nada que me importe más que eso. Pero muchas veces, cuando tengo un minuto libre, pienso en lo sola que me siento y que me he sentido, y que todo lo que hago en realidad es egoísta... Y lloro, pero durante poco tiempo, porque al cabo de cinco minutos empieza mi turno en el café...-sonríe tristemente. Yo estoy muy afectada por lo que me acaba de decir, y más bien triste. La vuelvo a abrazar.
-Lo siento, lo siento tanto... Siempre podrás contar conmigo, te lo prometo, eres una amiga buenísima. Yo tengo tiempo para verte y estar contigo, y te juro que procuro hacerlo lo más a menudo posible... Puedes contarme lo que quieras, siempre seré tu amiga, de verdad, estoy más segura al decir esto de lo que he estado jamás...-digo, de un tirón. Ella me sonríe de nuevo.
-Gracias. Eres un cielo, una amiga maravillosa. No sabes cuánto me gustan estos ratos contigo, es el momento en el que puedo escaparme de lo que vivo... Y también me hace igual, o más feliz incluso.
Nos abrazamos durante un buen rato, y al llegar a la entrada de la cafetería nos despedimos: hoy no puedo quedarme, tengo que ir con mamá a comprar ropa de cara al buen tiempo. Aún así, compro un café para llevar y voy bebiéndomelo a medida que ando. Estoy intentando intercambiar la nicotina por la cafeína. Me lo dijo Eric.
-Eres muy fuerte, Maya. ¿De verdad no puedes seguir adelante sin el tabaco? Siempre pensaba que tenías más fuerza de voluntad. ¿Es necesario que fumes?
Le he estado dando vueltas, y la verdad es que estaba tan acostumbrada a mis tres cigarros diarios que ya ni me lo planteaba cuando fumaba. Más bien, debería decirlo en presente, porque aún fumo, pero sólo uno al día. En cuanto tengo ganas, me bebo un café y me calmo un poco. El único cigarro que queda es el de después de comer, y aún me lo pienso muchísimo. La verdad es que el planteamiento de Eric me hace pensar mucho en este tiempo que llevo fumando. ¿Para qué?
Justo giro una esquina y me choco con Lucas. Por la cara que lleva y los jadeos, iba corriendo. Lleva puesta su clásica camisa blanca y unos tejanos, muy favorecedor.
-¿Dónde ibas tan corriendo?-le digo, sonriéndole lo más cálidamente que puedo.
-A buscarte. Maya, Maya...-dice, mientras intenta recuperar la respiración. Apoya una mano en la pared que hay al lado, pero inmediatamente la pone sobre mi hombre, ejerciendo una ligera presión que hace que se me erice el vello. Pienso en la última vez que nos vimos, apenas hará dos días. Me besó en los labios al despedirnos. Fue corto y rápido, lo más probable es que calculara mal y me diera en los labios en vez de en la mejilla, pero... ¿Y si no? Sigo con mis dudas-. Maya...
-Tranquilo, toma aire, calma-mientras respira me pongo a contarle que estoy rompiendo con el mal hábito de fumar. Al final sí que lo dejaré, pienso. Igual no engroso la mortalidad temprana, como dijo mi profesora de sociales a principio de curso-. ¿Ya estás mejor?
Él toma aire, y me mira. Nos sonreímos, y empieza a hablar.
-No sé cómo lo has hecho, pero no puedo dejar de mirar esa fotografía. Ni la foto ni de mirarte a ti cada vez que estás cerca-me acaricia la cara y yo, sin darme cuenta, poso la mano sobre sus costillas-. Tienes unos ojos preciosos, una voz preciosa y... Toda tú eres preciosa. Podrías insultarme todo lo que quisieras, pero yo...
-¿Tú?-inquiero, sonriendo. Estoy empezando a ponerme nerviosa (pero nerviosa en plan agradable) con tanto halago. Observo su cara, y entonces se inclina hacia mí, y cuando me doy cuenta está a punto de besarme. Nuestros labios se rozan, y un chispazo eléctrico recorre mi columna vertebral. Se me ponen los pelos de punta. Se separa un momento, y vuelve a acercarse. Está vez me besa de una manera más directa, hunde sus labios en los míos y nuestros dientes chocan, entonces yo me aparto. Me toco los labios y me miro los dedos. Se me están llenando los ojos de lágrimas, aún habiendo sentido ese remolino de pensamientos, que todos eran "nada", y ese cosquilleo por debajo de la piel, y le miro con todo el dolor de saber que acabo de probar algo prohibido, algo que no me pertenece.
-¿Qué...?-empieza él.
-Tengo quince años, ¡tengo quince años!-digo, gritando en voz baja. Me mira, sorprendidísimo, y retrocede unos cuantos pasos-. Lucas-digo, tratando de asirle por el brazo, pero no puedo ni moverme, y me quedo con esa cara de masacre y de querer y no poder llorar. Él niega con la cabeza muy sutilmente y sigue alejándose. Cierro los ojos y hundo la cara entre las manos, medio volviéndome. Justo antes de empezar a llorar, veo entre las rendijas de los dedos cómo echa a correr para irse. Para huir.
Como si me dieran una paliza.
Acabo de sentir lo que llevaba tiempo esperando, y resulta ser el peor de los golpes.
-Bueno, lo cierto es que parece que te pasa todo a la vez. Clara no debería contar para nada, después de todo lo que...
-Ya, pero eso es lo que hace que sí me importe, muy a mi pesar: que ahora estamos en ese "después de todo", o sea, lo que ha pasado hasta ahora ha sido algo importante para mí, y...
-Oye. Basta ya. Estás de vacaciones, ¡relájate! Ya lo has dicho: tienes tiempo para pensar... Y para olvidarte de todo. Borrón y cuenta nueva. Lo que de verdad me deja anonadada es lo de la tal Ana...
-¿Sí? Pues me ha llamado hace un rato, y no lo he cogido. Total, ¿para qué?
-¿Para que te expliqué por qué pasó, por ejemplo?-suspiro, exasperada, y cambio de tema.
-¿Cómo fue lo de matemáticas?
-He quedado segunda-dice, con una sonrisa. Le doy un abrazo de oso: me alegro muchísimo por ella, y me la como a besos repitiendo "felicidades" un millón de veces y media-. Bueno, buena, ya vale, pegajosa-dice, entre risas-. La verdad es que estoy muy contenta... No es mucho dinero, pero ayuda bastante. Lo estamos guardando para los libros de texto del año siguiente...
-Oye, Lara-le digo, en voz baja, porque temo tocar un tema delicado-. ¿No es difícil para ti esto?
-¿Esto? ¿El qué?
-Esto. Trabajar para vivir.
-Bueno, tarde o temprano tengo que empezar, ¿no?
-Sí, pero... Tenemos la misma edad, y me parece que vivimos en galaxias diferentes. Mis problemas parecen nimios al lado de los tuyos.
-No tengo ningún problema, de verdad. Trabajo para ayudar a mi familia, y por mí: tengo que ir a la Universidad. Además, ya sabes que estudio tanto para conseguir becas y que sea más sencillo...
-Lara... En mi familia tampoco vamos súper sobrados de pasta, pero siempre que...
-No, Maya. No acepto limosnas. Vivo con lo que consigo yo misma y, aunque tengo que invertir tanto tiempo y esforzarme tanto, al final del día, un segundo antes de dormirme, me da una sensación de orgullo y felicidad que no puedo comparar con nada. ¡Estoy bien con lo que hago! Me gusta, porque me dice que me sirvo por mí misma, que puedo ser autosuficiente, y además ayudo a mi familia... ¿Te crees que yo tengo muchos amigos? ¡No, claro que no! Trabajo y estudio mucho, apenas tengo tiempo para salir por ahí, así que la gente se acaba alejando... Lo que es comprensible: ¿quién quiere a alguien que nunca puede estar? Nadie, por supuesto. A veces creo que es mejor, porque puedo concentrarme más en mis ocupaciones, al fin y al cabo, esto es por el futuro... Y no hay casi nada que me importe más que eso. Pero muchas veces, cuando tengo un minuto libre, pienso en lo sola que me siento y que me he sentido, y que todo lo que hago en realidad es egoísta... Y lloro, pero durante poco tiempo, porque al cabo de cinco minutos empieza mi turno en el café...-sonríe tristemente. Yo estoy muy afectada por lo que me acaba de decir, y más bien triste. La vuelvo a abrazar.
-Lo siento, lo siento tanto... Siempre podrás contar conmigo, te lo prometo, eres una amiga buenísima. Yo tengo tiempo para verte y estar contigo, y te juro que procuro hacerlo lo más a menudo posible... Puedes contarme lo que quieras, siempre seré tu amiga, de verdad, estoy más segura al decir esto de lo que he estado jamás...-digo, de un tirón. Ella me sonríe de nuevo.
-Gracias. Eres un cielo, una amiga maravillosa. No sabes cuánto me gustan estos ratos contigo, es el momento en el que puedo escaparme de lo que vivo... Y también me hace igual, o más feliz incluso.
Nos abrazamos durante un buen rato, y al llegar a la entrada de la cafetería nos despedimos: hoy no puedo quedarme, tengo que ir con mamá a comprar ropa de cara al buen tiempo. Aún así, compro un café para llevar y voy bebiéndomelo a medida que ando. Estoy intentando intercambiar la nicotina por la cafeína. Me lo dijo Eric.
-Eres muy fuerte, Maya. ¿De verdad no puedes seguir adelante sin el tabaco? Siempre pensaba que tenías más fuerza de voluntad. ¿Es necesario que fumes?
Le he estado dando vueltas, y la verdad es que estaba tan acostumbrada a mis tres cigarros diarios que ya ni me lo planteaba cuando fumaba. Más bien, debería decirlo en presente, porque aún fumo, pero sólo uno al día. En cuanto tengo ganas, me bebo un café y me calmo un poco. El único cigarro que queda es el de después de comer, y aún me lo pienso muchísimo. La verdad es que el planteamiento de Eric me hace pensar mucho en este tiempo que llevo fumando. ¿Para qué?
Justo giro una esquina y me choco con Lucas. Por la cara que lleva y los jadeos, iba corriendo. Lleva puesta su clásica camisa blanca y unos tejanos, muy favorecedor.
-¿Dónde ibas tan corriendo?-le digo, sonriéndole lo más cálidamente que puedo.
-A buscarte. Maya, Maya...-dice, mientras intenta recuperar la respiración. Apoya una mano en la pared que hay al lado, pero inmediatamente la pone sobre mi hombre, ejerciendo una ligera presión que hace que se me erice el vello. Pienso en la última vez que nos vimos, apenas hará dos días. Me besó en los labios al despedirnos. Fue corto y rápido, lo más probable es que calculara mal y me diera en los labios en vez de en la mejilla, pero... ¿Y si no? Sigo con mis dudas-. Maya...
-Tranquilo, toma aire, calma-mientras respira me pongo a contarle que estoy rompiendo con el mal hábito de fumar. Al final sí que lo dejaré, pienso. Igual no engroso la mortalidad temprana, como dijo mi profesora de sociales a principio de curso-. ¿Ya estás mejor?
Él toma aire, y me mira. Nos sonreímos, y empieza a hablar.
-No sé cómo lo has hecho, pero no puedo dejar de mirar esa fotografía. Ni la foto ni de mirarte a ti cada vez que estás cerca-me acaricia la cara y yo, sin darme cuenta, poso la mano sobre sus costillas-. Tienes unos ojos preciosos, una voz preciosa y... Toda tú eres preciosa. Podrías insultarme todo lo que quisieras, pero yo...
-¿Tú?-inquiero, sonriendo. Estoy empezando a ponerme nerviosa (pero nerviosa en plan agradable) con tanto halago. Observo su cara, y entonces se inclina hacia mí, y cuando me doy cuenta está a punto de besarme. Nuestros labios se rozan, y un chispazo eléctrico recorre mi columna vertebral. Se me ponen los pelos de punta. Se separa un momento, y vuelve a acercarse. Está vez me besa de una manera más directa, hunde sus labios en los míos y nuestros dientes chocan, entonces yo me aparto. Me toco los labios y me miro los dedos. Se me están llenando los ojos de lágrimas, aún habiendo sentido ese remolino de pensamientos, que todos eran "nada", y ese cosquilleo por debajo de la piel, y le miro con todo el dolor de saber que acabo de probar algo prohibido, algo que no me pertenece.
-¿Qué...?-empieza él.
-Tengo quince años, ¡tengo quince años!-digo, gritando en voz baja. Me mira, sorprendidísimo, y retrocede unos cuantos pasos-. Lucas-digo, tratando de asirle por el brazo, pero no puedo ni moverme, y me quedo con esa cara de masacre y de querer y no poder llorar. Él niega con la cabeza muy sutilmente y sigue alejándose. Cierro los ojos y hundo la cara entre las manos, medio volviéndome. Justo antes de empezar a llorar, veo entre las rendijas de los dedos cómo echa a correr para irse. Para huir.
Como si me dieran una paliza.
Acabo de sentir lo que llevaba tiempo esperando, y resulta ser el peor de los golpes.
martes, 11 de septiembre de 2012
Capítulo 10-Incredulidad
-Quevedo, Helena-se levanta la susodicha y recoge el sobre-. Robles, Maya.
Con paso ligero, encamino mis Converse hacia el encerado, recorriendo toda la clase, porque me siento al fondo. El tutor me da un sobre blanco con mi nombre escrito en una etiqueta. Vuelvo sobre mis pasos y me siento, esperando a que lleguen a Yelmo, Pau, para poner pies en polvorosa y salir de este antro-el instituto-lo antes posible. Las vacaciones de Semana Santa son un regalo caído del Cielo (perdón por el chiste fácil), y creo que es en lo único por lo que estoy agradecida a la religión católica. Diez días de dispersión mientras la primavera te arrolla. Diez días lejos de los quasi-analfabetos compañeros de instituto. Resoplo lo más discretamente que puedo. Me siento como un tigre encerrado en una jaula. Mientras tanto, abro el sobre y leo mis notas. Calculo la media: 8'75. ¡ROZO el sobresaliente! Voy sonriendo como una boba por los pasillos, mientras me pongo la cazadora de cuero sintético y me cruzo el bolso. Entonces me encuentro con Ana, y esta vez, sí que resoplo y pongo los ojos en blanco visiblemente.
-Eh, Maya.
-Qué-digo, sin pararme.
-Ven, por favor-¿por favor? ¿Sabe que esas dos palabras existen? Me acerco, está medio escondida en el hueco de la puerta del lavabo.
-Qué-digo, cruzándome de brazos y una vez dentro. Observo su pelo trenzado y la ropa de marca: es como una Barbie pero con menos tetas, aunque sus pechos sobrepasan el tamaño de su cerebro.
-Oye, Maya, no sé cómo decírtelo. Hace ya tiempo que... Me he dado cuenta de que no soy como las demás-no, eres más idiota, pienso, pero me callo. No voy a dejar que ésta me amargue el día de buenas notas, pero sigue hablando sobre que ha notados cambios en sí misma.
-Vale. ¿A qué viene todo esto?-me empiezo a impacientar. Entonces ella toma aire, me mira, se me acerca y...
Y.
¡Y ME BESA!
¡ME BESA!
¡CAMBIOS!
¡ES LESBIANA!
¡Y ME ESTÁ BESANDO!
¿¡POR QUÉ A MÍ?!
Pienso todo esto escandalizada mientras me separo, ojiplática. Me la quedo mirando, alucinando, e intento procesar lo que ha pasado.
A ver.
Ana se ha dado cuenta de que no es hetero, y me ha besado porque... ¿Porque le gusto? Bueno, entonces, ¿por qué ha estado metiéndose conmigo durante tanto tiempo? ¿Qué clase de desajuste mental tiene?
-Eh...-digo, aún sorprendida.
-Lo siento. Lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento-dice ella, tapándose la boca con las manos.
-Pero ¿qué...?
-Tenía que hacerlo. ¡Lo siento!-dice, con los ojos lagrimeando. Entonces sale corriendo del baño. Mientras me recompongo, empiezo a andar. No me creo lo que ha pasado. ¿Por qué? Recapitulo los hechos. Sigo sin creérmelo. Después de meses intentando hacerme quedar mal, se da cuenta de que es lesbiana y me besa. No, no. No cuadra. Otro enfoque: se da cuenta de que es lesbiana, supongamos que se da cuenta de que le gusto, entonces... Entonces se dedica a tratar de reirse de mí, para... ¿Para? ¿Para que nadie note que lo es? ¿Para ocultárselo a sí misma? ¿Para estar entretenida haciendo algo relacionado conmigo? Mi cerebro es un hervidero de hipótesis. Decido dejar de darle vueltas: si alguien tiene que pensar algo al respecto, esa es Ana.
-Maya-me alcanza Eric.
-¡Hola!-le digo de muy buen humor-¡Ocho como setenta y cinco! ¡Ocho con setenta y cinco!
-Felicidades-me abraza, aunque parece pendiente de otras cosas-. Yo tengo media de ocho como doce. Eh... ¿Maya?
-Dime.
-¿Ana te ha...?
-¿Qué?-digo demasiado rápido. Respiro hondo: se me nota demasiado que transpiro nervios por todos los poros, y combinado con la alegría y exitación por las buenas notas no es un buen cóctel, porque empieza a atacarme una migraña amenazadora.
-Te ha besado-asiento. Él no dice nada más, sólo camina a mi lado.
-¿Te importa?-digo, mientras enciendo un cigarro. Estoy tan alucinada que necesito fumar, me da igual quién me vea.
-En realidad...-empieza a decir. Entonces pasamos por delante del grupo de Clara y sus nuevas amigas.
-¡Eh, fumeta!-me grita Clara. Yo echo el humo formando un gran vaho y sigo andando-. ¿Cuánto te queda para tu doctorado académido?
-Sí, ¿sobre qué será? ¿Las múltiples caras del mal gusto al vestir?-añade otra, que se cree muy ingeniosa.
-No-corto-. Tratará sobre cómo semejante exposición de piel en un día cualquiera de marzo es directamente proporcional a la escasez de neuronas-no lo pilla, pero Clara sí.
-Bah, sigue esforzándote en estudiar... Aunque no serías capaz de hacerlo sin el tabaco, ¿no?-la miro duramente mientras me mordisqueo el labio por el interior.
-Tú no serás capaz de rendir con tanta marihuana rondando por tu cerebro. Una vez me dijiste una curiosidad sobre el cannabis: actúa como si te atravesaran el cerebro con una vara de metal. Ahora que te veo, parece que es cierto-escupo. Ella mira a Eric con desdén, y sé que se prepara para contraatacar.
-Oye, dile a tu novia que...
-No le digo nada, primero porque no es mi novia-empieza Eric-, y después porque no obedezco órdenes, menos de una aspirante a candidata para la mansión Playboy-me río con todo mi alma ante la pulla que le acaba de lanzar. ¡No sabía que tenía esos golpes! Me seco una lagrimita imaginaria mientras veo que Clara se pone roja de cólera y, justo cuando va a soltar una ráfaga de insultos, Ana la toma del brazo.
-Ya basta.
-La próxima vez, amiga mía, piensa en mi facilidad para dejar las cosas en evidencia-le digo.
-No soy amiga tuya-masculla.
-No, es obvio que no-digo, mientras apago la colilla y la tiro a una papelera cercana. Eric y yo seguimos andando, alejándonos de la abochornada tribu de mini-furcias.
-Felicidades por tu nota, que no te lo había dicho-le digo a Eric, después de un rato en silencio.
-Qué va. Eres malvada-dice, refiriéndose al pequeño altercado.
-Gracias, guapo-coqueteo, con mi deje irónico habitual-. No es un piropo que me digan a menudo. Y, oye, vaya salida que has tenido, me has dejado impresionada-él se quita un sombrero imaginario-. Oye, ¿te veré en Semana Santa?
-Seguro. Mañana mismo paso por casa de tu padre a buscarte y nos vamos a dar una vuelta.
-Estupendo-le doy un beso en la mejilla, a modo de despedida.
Al llegar a casa, corro y abro el cajón de los calcetines. Saco el sobre y observo la foto que me dio Lucas el día del Gran Chasco con Óscar. Muchas veces pienso en cómo se besaba con su enamorada, y me entran ganas de llorar, pero intento olvidarme el máximo de tiempo posible. De hecho, ahora me estoy lamentando entre líneas. Cuando lo veo por los pasillos, lo evito. Ya no voy a la biblioteca. No le he mandado ningún mensaje ni hablado con él por Facebook, y él tampoco parece acordarse de mí, lo que es tristísimo. Seguramente está tan enamorado que ni siqueira repara en mi repentina desaparición en su vida.
Para olvidar esto, me pongo a pensar en lo de Ana, que, de todos modos, es algo igual de peliagudo. No me explico nada, no me explico su comportamiento ni puedo imaginar lo que piensa o siente. Evoco cómo me ha mirado cuando le ha dicho a Clara que parara en el encontronazo. Parecía abatida y cansada, aunque, por lo visto, quien me llamaba de todo ahora parecía dispuesta a defenderme o, si más no, a evitar que esas pelandruscas de sus amigas intentaran herirme.
También pienso en Clara, en todo lo que ha pasado en tan poco tiempo. Con la llegada del invierno también vino su inesperado cambio, y su frialdad hacia mí. Suspiro. La echo de menos, mucho. Nadie sabe los buenos ratos que he pasado con ella, siento que es algo incomparable e irremplazable... Y perdido. Entonces recuerdo las palabras de Lara, sobre que lo que en realidad añoro es el pasado, y me seco la pequeña lágrima que empezaba a resbalar por mi mejilla.
Observo de nuevo la foto que tengo entre manos, y me fijo, como ya he hecho muchas veces desde aquél lluvioso día de mierda, en todos los detalles. Y, sobretodo, no dejo de mirar a Lucas. Nos llevamos doce años y es innegable la maldita atracción que siento hacia él. Me gusta, demonios, me gusta muchísimo, y cada vez se me nota más.
Debo estar volviéndome loca porque me olvido hasta de mentir.
jueves, 6 de septiembre de 2012
-Pausa-
Estimados lectores:
Debido a un contratiempo, me veo obligada a aparcar esta historia por un tiempo. En cuanto pueda seguiré escribiendo, lo prometo.
Gracias por vuestra paciencia, y disculpad las molestias.
Debido a un contratiempo, me veo obligada a aparcar esta historia por un tiempo. En cuanto pueda seguiré escribiendo, lo prometo.
Gracias por vuestra paciencia, y disculpad las molestias.
domingo, 19 de agosto de 2012
Capítulo 9-"Scattered" and "Redundant"
-¿Scattered?
-Bueno, llevo ya un con las clases de canto. ¿Tú crees que puedo?
-Obviamente-me dice Lara, con su habitual sonrisa amplia y amable. Entonces nos callamos porque los gemelos habituales acaban de subir al escenario. Les escuchamos cantar su versión de Our Day Will Come, de Amy Winehouse, y después sube un hombre de unos cuarenta años largos y canta Black is Black, de Los Bravos, y debo admitir que lo hace con mucha gracia. Después llega mi turno. Me aliso la camiseta de Green Day que llevo debajo de la sudadera ( y para justificar cualquier problema con temas de copyright) y subo al escenario.
-Well, I've got some scattered pictures / lying on my bedroom floor / reminds me of the times we shared...
Para cuando acabo, una ovación hace que me salten los colores. Los ejercicios de proyección de la voz y de respiración han dado sus frutos, y se nota. Mi voz suena con el mismo timbre, pero ahora es más alta y clara, más potente. Del mismo modo ahora puedo alcanzar tonos y notas más graves y más agudos. Estoy muy satisfecha con los resultados.
-Graba un disco.
-¿Con cincel?
-Imbécil-se ríe Lara-. ¿Sabes qué? Soy candidata para un concurso comarcal de matemáticas.
-¿Qué?
-Si... Mi nivel es realmente bueno.
-¡Modesta!
-No, sabes que no-sonríe-. Al parecer, soy la que tiene mejor nivel de todo el instituto...
-¿Más que de Bachillerato?
-Sí, pero me presento a la de Segundo Ciclo de ESO.
-Oh... Bueno, ¿y qué más?
-Se trata de superar unas pruebas de aritmética, álgebra, geometría... De lógica, vaya. Y participa gente de toda la Comunidad Autónoma-hago una mueca.
-¿No será difícil?
-Bueno, alguien tiene que ganar, ¿no?-dice ella con su optimismo arrollador.
-Por supuesto, y tienes muchos números.
-Qué graciosa-ni me había dado cuenta del chiste fácil.
-¿Y hay premio?
-Sí. Vales para libros.
-Lo típico...
-Y una gratificación económica de 500€ si quedo primera.
-Espera, espera... Rebobina-digo, sonriendo.
-Sí. Si quedas segundo, 300€ y si quedas tercero 100. Está bien, ¿eh?
-Está... de puta madre-reímos-. ¿Y cuándo participas?
-En tres semanas.
-Ojalá ganes-le digo, sinceramente-. Aunque pocas mentes tan brillantes como la tuya hay.
-Aduladora...
-¿No eras tan inmodesta?
-Bah-sacude la mano y se las seca del agua. Hoy su hermana Sandra se quedaba a casa de una amiga, y Lara trabajaba hasta esta hora-. Ahora vuelvo.
La espero mientras me pongo la sudadera. Me dirijo a la puerta, y las nubes grises que se amontonan en el cielo me hacen sospechar sobre un próximo chaparrón primaveral. Es lo que tiene marzo. En marzo, aguas mil. Y me da igual que el dicho popular no sea así, pero en marzo también llueve, lo mires por donde lo mires. Vuelvo la vista hacia el tibio local. Lara aún se está cambiando de ropa. Me entretengo haciendo listas de cosas absurdas, como acostumbraba a hacer el año pasado. Últimamente no tengo tiempo ni de aburrirme, así que lo de hacer listas de ocho cosas está quedando en el pasado.
Cosas que me caracterizan (actualmente):
1-Ojos verdes (tan pronto abrasan, hielan).
2-Sarcasmo e ironía más que evidentes.
3-Tabaco. Un sello distintivo (y caro).
4-Adicción a escuchar música y afición de cantar.
5-Enamoramiento a largo plazo de Óscar
6-Confusión respecto a Lucas, el tío bueno.
7-Ganas de alejarme de Clara cuanto más, mejor, y al mismo tiempo, sentimiento de protección hacia ella.
8-Suerte por haberme encontrado con Lara y Eric.
Salimos juntas. Andamos unas cuantas calles hablando de todo. Nos despedimos, y ella se mete en la boca del metro. Yo sigo caminando sin dejar de mirar al cielo ceniciento. Doblo una esquina. Se cumplen mis pronósticos y empieza a llover. La gente se apresura por llegar a alguna parte. Las figuras andantes en la calle van bajo sus paraguas. Maldigo mi sudadera por no tener capucha. De todos modos, dejo que las gotas mojen mi cara. Estoy demasiado feliz como para ponerme a lloriquear. Me pongo a canturrear ¡Viva la Gloria!, y después Redundant, de Green Day. La lluvia va agravándose y las gotas son más gruesas, empezando a ser molesta. Los paraguas, los impermeables, las capuchas van y vienen, y los coches salpican al pasar sobre los charcos que se forman a los lados de la calzada. Entre toda esa gente me fijo en una pareja, acurrucada bajo una cornisa. Parece que tengan todo el tiempo del mundo el uno para el otro, parece que les da igual lo que sucede a su alrededor. Sólo están ellos. Se besan, y yo sonrío. En un mundo a rebosar de odio, encontrar el amor debe ser algo bonito. Es algo precioso, como si caminas sólo en una noche oscura, fría y angosta por Barcelona, y te sientes solo. Como si llegaras a la fuente de Montjuïc. Te quedas pasmado ante el espectáculo de agua y colores, y miras a la gente que se reúne para hacer lo mismo que tú: mirar y admirar, aunque sea sólo un instante. Y entonces dejas de sentirte solo. La melena alborotada rubia del chico se aparta de la cara de la chica, y se sonríen con un deje soñador. A través de los cristales de las gafas de él, puedo ver cómo la mira, de un modo con el que yo he soñado que me mire, y cierran los ojos. Se susurran, y ella se azora. El beso aún está fresco, en el aire. Mi visibilidad disminuye al tiempo que se me empañan los ojos de lágrimas. Mi sonrisa es un juguete roto. Las lágrimas se funden con la lluvia. Puedo ver que la pareja se va a resguardar, corriendo por los charcos de la mano. Me quedo parada en la calle, entre el tumulto de gente que choca conmigo.
Ojalá me traspasaran. No hay ni una buena cara. Me muerdo el labio y, entre sollozos y en voz baja, canto el estribillo.
-Now I cannot sleep, I've lost my voice, spechless and redundant, 'cause I love you is not enough, I'm lost for words...
No sé cuánto tiempo sigo ahí parada. La calle se vacía un poco, porque no hay mucho sitio para no mojarse. Me siento destrozada. Mi corazón ha sido masacrado. Lo han arrojado a las vías del tren. Le han asestado numerosos hachazos. Se han divertido ahogándolo y magullándolo, acabando en una nefasta sangría. No sé cómo aún late. Entonces deja de llover sobre mí. Alzo la vista y, entre lágrimas, veo un paraguas que me cubre.
-¿Te acompaño a casa?-dice una voz profunda y cálida. Aspiro. Huele a lluvia.
-Me sentía especial, y sólo soy otra ilusa-le digo a Lucas mientras me seco el reguero de lágrimas.
Caminamos sin hablar, y yo sólo lloro en silencio. Siento que todo carece de sentido. El dolor es tan apabullante que me llena el tórax y no puedo apenas respirar. Intentando calmarme, trato de verlo todo desde otra perspectiva, mientras las lágrimas siguen rodando por mis mejillas. Estoy empapada, y me está dando frío. En el fondo tiene gracia. El amor es una gran mierda, pienso. Entonces sonrío interiormente, porque por fuera no puedo hacerlo. Ha bastado un instante para que mi opinión cambie. A la mierda todo. Ni la puñetera fuente de Montjuïc me animaría. Carraspeo, y dejo de mirar al suelo. Ya que me siento hecha una mierda, voy a sentirme hecha mierda mirando al frente. Intento encender un cigarro, pero las manos me tiemblan demasiado. Al final lo enciende Lucas, y me lo pone en los labios mientras doy una gran calada. Entonces me acuerdo del sobre que le di a Lara para Lucas, y me pregunto si lo habrá abierto. Dentro había una foto de mí cantando, cigarro en mano. Llevaba una cazadora tipo aviador y estaba sentada en un banco. ES, posiblemente, la mejor foto que me han hecho nunca. La tomó Clara, y está en blanco y negro. Ojalá pudiera sentirme tan bien como estaba en el momento de la foto.
-Maya-dice Lucas en voz baja, viendo que me he calmado un poco, aunque sigo llorando. No quiero imaginarme qué pintas llevo: ojos enrojecidos a juego con el resto de la cara, las pestañas pegadas entre ellas por las lágrimas, la cara casi erosionada de tanto agua, los labios un poco hinchados... Un panorama patético.
-¿Qué?-le pregunto, mientras sorbo. Le miro a la cara, y me mira cómo preguntándose el qué-. Le quiero desde hace tanto tiempo... Y ahora parecía que, quizás... Soy estúpida-me río y sollozo de nuevo. Él me mira fijamente, como el primer día, pero esta vez aparto la mirada al suelo, y después vuelvo a mirar de frente.
-Llora todo lo que necesites.
-Lo raro es que ahora no esté más seca que una pasa, he agotado todas las reservas de agua-digo, destilando mi sátira habitual-. Soy gilipollas, de verdad. No hago más que hacerme ilusiones y...
-¿Y?-inquiere, con voz calmada.
-Y además estás tú-digo, mirándole a los ojos. Lo suelto con tanta parsimonia y tanta seguridad que, en mi fuero interno, me quedo pasmada-. Te ví aquél día y ya no puedo dejar de buscarte, vaya dónde vaya. Óscar...-suspiro-. Llevo tanto tiempo queriéndole... Y apareciste tú, y todo dejó de tener pies y cabeza. También eres otra ilusión, vamos que si lo sé. Es que le quiero, Lucas, por eso lloro-digo, amargamente. Me aclaro la garganta y sorbo de nuevo. Me seco la cara y me aparto el flequillo de los ojos-. Es otra ilusión, como tú. Y a ti también. También te quiero-me quedo en silencio, meditando, y después digo las palabras que, posiblemente, sean las más sabias y las más ciertas que jamás hayan salido de mis labios-: Soy una imbécil más. Doblemente-me lamo los labios, que, como pensé antes, están secos. Seguimos andando en silencio hasta llegar al portal de casa de papá. Me quedo parada, observando su gesto dulce. Inconscientemente, levanto una mano hacia sus labios, pero se paraliza antes de rozarlos siquiera. Es como si, de repente, me diera cuenta de todo. "¿Qué estoy haciendo?", me pregunto. Entonces me tiembla el brazo y lo dejo caer, abatida. Agacho la cabeza, pero la mano suave y firme de Lucas me toma de la barbilla y me hace mirarle directamente a los ojos. Parece que lea en mí. Entonces se inclina hacia mi cara y deja un beso muy dulce en mi mejilla. Me tiende un sobre mientras se muerde el labio por dentro. Sé lo que es la incertidumbre. Cree que no me doy cuenta, pero sí. Nos miramos de nuevo. Entonces me aparta el flequillo de la cara, y me mira. Parece que quiere decir algo, pero no despega los labios. Entonces se da media vuelta y se pierde en la lluvia. Me quedo paralizada un momento, pero vuelvo a poner los pies en la tierra y abro la puerta y subo los escalones. Papá ha dejado una nota:
Salgo a cenar con una amiga, Maya. La cena está en la nevera, envuelta con film transparente. Cuando llegues a casa hazme una perdida.
Te quiero,
Papá
Cojo el teléfono y marco el número. Apenas lo dejo sonar una vez, y cuelgo. Me desnudo y voy a la bañera. Estoy triste y cansada, parece que he envejecido mil años, aunque, curiosamente, estoy muy en calma. Me meto bajo el agua, y esta vez la lluvia que sale de la alcachofa de la ducha está muy caliente. Me quedo ahí, de pie, sin hacer nada, dejando que los pensamientos vayan y vengan por mi mente, sin entretenerme en nada. Me enjabono y le lavo el pelo. Aún me quedo un rato más en la ducha, hasta que decido salir. Me recorre un escalofrío, que hace que se me pongan de punta todos los pelos del cuerpo. Me seco y me pongo las bragas. Después me pongo el pantalón del pijama y una camiseta vieja de Rancid. Me desenredo el pelo y lo peino. Entonces, me quedo mirando mi reflejo. Todo estña muy silencioso, casi puedo oírme respirar. Examino mis ojos verdes, con las pestañas tan negras y espesas como mi pelo. La nariz, más bien grande y chata. Los labios rosados. Me miro, en el espejo, los lunares de los barzos. Soy yo. Quiero repetir el gesto de antes y alzar la mano para tocar el cristal, algo empañado y frío, pero en vez de eso toco mi mejilla caliente, justo donde Lucas ha dejado su beso. No puedo quitarme la maldita imagen de Óscar con su novia de la cabeza. Todo encaja. Nunca he estado ahí, nunca he sido yo. Mis dedos trazan un círculo en la mejilla. Aún puedo notar sus labios, palpitantes, posados sobre mi cara. Tan dulce, tan tierno, y tan efímero. En mi cuarto abro el sobre, y saco la fotografía. Es Lucas, vestido con una camiseta blanca y unos tejanos, sonriendo con un cigarro entre los dedos. Se nota que estaba intentando quedar bien en la foto, pero alguien estaba haciendo el imbécil por detrás de la cámara y quiso reírse. Es una foto preciosa. La coloco junto El Doctor, de Noah Gordon, en mi escritorio.
No ceno, no bebo agua, no pienso. Sólo me meto en la cama y miro la oscuridad de las luces apagadas de mi habitación. No quiero sino dormir y dejar que transcurran las horas, aunque, en realidad, no permitiría que eso pasara, porque hay una vida ahí fuera, y es la mía.
sábado, 11 de agosto de 2012
Capítulo 8-Verde árbol, verde marihuana
-¿Qué dices? Pues vaya amiga-me dice Lara mientras seca copas.
-Lo sé. Y mira que somos... éramos- me corrijo- amigas desde siempre. Y se le han pegado los modales de esas pavas... Y ahora es una impresentable. Ya no es ella.
-Entonces, si la echas de menos, sabes que lo que añoras es el pasado, no lo que es ahora.
-Sí...-me bebo el resto del batido-. Ayer estuve llorando todo el tiempo, pero hoy estoy tratando seguir como siempre. He estado hablando con Eric, "atendiendo" en clase, fumando, leyendo, escuchando música, cantando y...-me detengo y me pongo a mirar el fondo del vaso.
-¿Y?-inquiere Lara, mirándome un momento con media sonrisa y las cejas algo enarcadas.
-Y con Óscar-suspiro. Hoy, en la biblioteca, estaba bastante hablador. Me ha explicado cosas sobre su familia y sobre lo que él hace. Nos hemos reído y no ha parado de sonreírme, y tenía cara de bobo y una mirada especialmente brillante. Además, llevaba unas lentillas de prueba, y está aún más guapo, con esos ojos pardos, su pelo rubio, la pose desgarbada, la nariz recta y los labios finos... Le he comentado que le sentaba bien no levar gafas, y me ha explicado que la semana que viene le darán las lentillas para el mes entero, pero que estos días que vienen llevará gafas.
-Volveré a afearme, vaya-ha bromeado.
-Estás guapo de todos modos-he dicho entre risas y he conseguido que suene natural (no sé cómo). Hemos seguido hablando hasta que nos íbamos. Le he tendido uno de sus libros y, sonriente y con expresión soñadora, lo ha cogido. Ha sido sólo un instante, pero el roce de sus dedos sobre los míos ha sido como un chispazo electrizante. Es curioso cómo, cuando uno está enamorado, todos estos pequeños detalles cuentan y son algo memorabñe.
-¿Y el tío que viene por aquí?-pregunta Lara cuando acabo.
-¿Lucas?
-Es guapísimo.
-Sí... Y tiene una brillante conversación. El otro día estuvimos hablando de literatura un buen rato.
-¿Qué edad tiene?
-Veintisiete.
-¿¡TANTOS?!-se escandaliza.
-Sí. Yo pensaba que tenía diez menos.
-Y yo... Con esa sonrisilla, esos ojos...
-Esa barbita de tres días...
-Calla, que estoy en horario laboral...-se ríe-. Aunque debería haber sospechado sobre su edad, porque siempre va en camisa. ¿Qué clase de chaval va encamisado cada día?
-El otro día iba con sudadera.
-¿Yo libraba?
-Sí.
-Qué mala suerte.
-Era azul oscura. Le quedaba...-digo. Tiendo al melodrama, pero esta vez está más que justificado.
-Tiene pinta de cabrón.
-Sí, puede. Pero es que está tremendo...-Lara se ríe ante mi exageradísima expresión famélica-. Es muy inteligente.
-Eso parece. Tiene un humor similar al nuestro. En definitiva, sois almas gemelas-dice ella con voz de falsete y cara de pava. Nos reímos.
-De todos modos, nunca seré nada para él.
-Idiota-me salpica con agua-. Eres tan ababol como tu "amiga".
-¡Es verdad! Él es el tío...
-NO EXISTE EL TÍO PERFECTO-me corta.
-Lo sé. Iba a decir "óptimo". Es un espejismo.
-Pues va bastante detrás de ti... Oye, es muy guapo... Pero es que os lleváis doce años-dice, en un susurro apenas audible.
-Pero él no lo sabe.
-¿¡No?!-me mira atónita.
-No. Soy buena con las evasivas.
Hablamos un rato más. Me pregunto por qué Lucas y Óscar no están en mi mente al mismo tiempo. Si estoy con uno es como si el otro desapareciera. Es curioso que no pueda pensar en ambos a la vez, aunque lo mismo ocurre con Clara y Lara, a menos que decida ser cruel (y justa) y compararlas, aunque quizás es que no quiero acordarme de ella.
-Me voy, Lara. Vendré pronto.
-¿Te toca con tu padre?
-Sí-digo, mientras pago.
-¿Entonces no verás a Lucas?-me da el cambio.
-No, pero dale esto de mi parte-le tiendo un sobre-. Por favor-sonrío.
-No lo dudes-me guiña un ojo.
************************************************************************************
Hoy voy con papá a la montaña. Solemos hacer excursiones juntos, y ya era hora de volver. Vamos con pantalones cómodos, sudaderas a la cintura y las camisetas sudadas de la caminata. Me fijo en que su barriga es menos prominente, y me imagino que no piensa quedarse soltero para siempre. Vamos hablando del instituto, mis clases de canto, las suyas en la Universidad, de cocina y de excursiones pasadas.
Una vez en la cima nos sentamos en la hierba fresca y conetmplamos montes cercanos, nubes, cielo y, en resumen, la naturaleza. Me harto a hacer fotos, y en las que salgo con papá son, o muy bonitas, o muy divertidas.
-Un pedazo de felicidad que recordar-le digo a papá con una sonrisa en el semblante.
-Lo importante es haberlo compartido contigo-me dice, y me abraza.
Me tumbo en el césped mullido y cierro los ojos, y noto la frescura del ambiente en mi piel, en todas partes. Respiro honda y lentamente. Aquí arriba parece que el tiempo transcurre más lentamente, que todo es más limpio. Es el lugar perfecto para pensar en todo y en nada, y yo escojo lo último. Armonía. Sólo las hojas meciéndose, el agua del lago creando ondas con el suave aire y yo.
Entonces la realidad vuelve a caer en mí con todo su peso cuando, al entrar en Facebook, veo unas fotos de clara fumando porros y con una cachimba. Strike 3 y eliminada. Me quedo de piedra. No soy la más indicada para hacerlo, pero en la soledad de mi cuarto, ojiplática y con la boca algo abierta, mi voz es un susurro entrecortado:
-Clara... ¿Qué te estás haciendo?
martes, 7 de agosto de 2012
Capítulo 7-"This time we'll blast it all to hell"
El sol calienta un poco. Ya va siendo hora, puesto que hace un par de días desde que entró marzo. Aún así, voy con el chaquetón, aunque las bufandas, los guantes y los jerséis han pasado a estar en las baldas mas altas de mi (o mis) armarios. Hoy voy con unos tejanos claros y largos, las Converse y una camiseta de media manga, blanca con rayas negras. Voy escuchando mi lista de reproducción de Green Day. All The Time se acaba y da paso a F. O. D. (Fuck Off and Die). Recuerdo que una vez Clara tuvo un disgusto muy grande con una chica a la que consideraba su amiga y que resultó no serlo, y le pasé esta canción. La iba canturreando en voz baja todo el tiempo, como hago yo ahora.
Let's nuke the bridge we torched two thousand times before, this time we'll blast it all to hell... I've had this burning in my guts now for so long, my belly's aching now to say...-y entonces viene el estallido de la guitarra eléctrica, el bajo y la batería, haciéndome sonreír.
Cerca de la entrada me encuentro con Eric. Últimamente alterno los deberes en la biblioteca con los deberes con él, porque cuando no entiendo algo de matemáticas, él me lo explica, y si él no entiende algo de francés, yo le ayudo. Él es lo que a mí me falta, y viceversa. Nos complementamos.
-Buenos días.
-Hola, ¿cómo estás?
-Bien, bien. ¿Y tú?
-Bien. ¿Escuchaste la canción que te dije?
-¿Cuál de todas ellas?
-Pues... todas ellas. O una cualquiera.
-The Judge's Daughter me gustó bastante.
-A mí se me ponen los pelos de punta, es asombrosa. Suena tan distinta a cómo suenan las de ahora...
-Pues sí. Y tú, ¿has escuchado 3000 flowers?
-Sí-digo, sin evitar una sonrisilla. El otro día Lucas me la enseñó, a mí y al resto de gente del café. Se sentó al piano y empezó a tocarle, y debo decir que sonaba de una forma tan suave que dolía-. Me encanta. Es como... No sé cómo explicarlo.
-A veces la única forma de explicarlo es la música.
-Puede ser-sonreímos-. Sí.
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Después de la última clase me acerco a Clara que, para variar, está sola en vez de con el grupo. Ya he dicho que el calor va llegando, pero parece que para ella es, por lo menos, mayo. Va con unos pantalones cortos (sin medias), unas bambas gruesas y una chaqueta de estas que parecen de plástico de Adidas, que tan de moda se han puesto. Toda ella parece una valle publicitaria. Está hablando por teléfono (su nueva Blackberry). Espero pacientemente a que acabe de hablar, y cuando cuelga se gira y me ve. Le sonrío amablemente, pone los ojos en blanco y se va. Corro hacia ella y le doy unos toquecitos en el brazo.
-Estaba esperando poder hablar contigo.
-¿Qué quieres?-pregunta, muy insolente.
-Hace días que no sé nada de ti. ¿Puedes quedar un día de estos?
-No-dice, rotunda.
-¿Por qué?-pregunto, notando que me pongo a la defensiva.
-Porque no quiero quedar contigo-sin darme tiempo a pensar ya pregunto el por qué de nuevo-. Pues porque eres una marginada muy sosa, y una pesada. Ahora déjame tranquila.
-¿Qué se siente al no reconocer la persona que ves en el espejo?
-Soy quién soy. Me arrepiento de haber pasado tanto tiempo contigo.
-Perfecto, te han lavado el cerebro y ahora eres otra más.
-Cállate, imbécil.
-Igual tengo que pagarte por discutir contigo, ¿no?-digo, señalando su escote.
-¿De qué vas? ¿Qué te crees, que puedes ir por ahí intentando parecerte a mñi o diciendo que tenemos algo en común?
-¿De qué coño estás hablando? ¡Te lo estás inventando todo!
-Que me dejes.
-No me tiembla el pulso en hacerlo. Ojalá te quedes sola y vengas a buscarme. Ese día sabrás en qué te has convertido.
Me alejo apresuradamente, aunque siento que cada pie me pesa veinte quilos. La música que retumba en mis tímpanos me impide oír algo más que no sea la sangre latiendo en mi sien. Y las lágrimas que a cuden a mis ojos empañan el mundo, y no puedo ver. Reprimo el temblor del labio inferior mordiéndolo con fuerza suficiente como para que sangren, aunque no llega a brotar ese líquido rojo. Voy lo más rápida que puedo en dirección a casa de mi madre. El sol brilla insultantemente, calentándome la espalda, y el cielo está despejado. Y se ha estropeado todo de repente. Mi tráquea se oprime por los lamentos que logro acallar. No lloro, no lloro, no lloro, sólo me fundo con la acera, con las fachadas de los edificios, sólo quiero dejar de existir.
Al llegar a casa, nada más cerrar la puerta, cae una lágrima por mi mejilla. Dejo de morderme y libero un suspiro, que tiene más de gemido. Corro a mi habitación, cierro la puerta y lloro amargamente. Recuerdo cuando este noviembre que el hombro de Clara en el que me apoyé para sostenerme... ¿Y qué me queda ahora? Llorar. Y lloro tanto que intuyo una afonía. Cuando dejo de temblar un poco, me fumo un cigarro, sin que las lágrimas dejen de brotar de mis ojos y resbalar por mi cara, hasta que decido que no puedo perder más el tiempo de esta mantera tan miserable. Me sueno la nariz y salgo de mi cuarto, encogida y con la cara demacrada por la tristeza. Entonces se abre la puerta del baño y sale mamá con su albornoz y una toalla en la cabeza a modo de turbante. Me ve en medio del pasillo, y yo vuelvo la cara. Entonces una penosa sacudida surge de mi ser, y mamá se acerca a mí, cautelosamente.
-Cielo, ¿qué...?-empiezo a llorar de nuevo, en silencio-. Maya, ¿estás..?-sorbo la nariz y mamá me mira a los ojos-. ¿Maya? ¿Qué te pasa?
-Cla... Clara...-digo, entre sollozos. No puedo hablar, sólo sacudirme con esos horribles espasmos que me llenan aún más de pena. Entonces vuelvo a llorar, esta vez sin reprimirme, en alto. Me tiro al suelo de rodillas y lloro escandalosamente. No quiero que quede ni un atisbo de pena en mí, no quiero aguantar nada. Mamá se arrodilla a mi lado y me abraza mientras me desespero y corren ríos de lágrimas por mi cara. Cuando me calmo un poco, le explico desordenadamente, pero con todos los detalles, lo que ha pasado con Clara desde que se junta con esas chicas. Ella sólo me aprieta contra su cuerpo envuelto en el albornoz, tan suave, y me recuerda a cuando tenía unos diez años y tuve un enfado muy grande con una chica y el chico que me gustaba entonces. Me siento algo reconfortada, y me lavo la cara y me sueno la nariz. Entonces se lo vuelvo a contar todo, esta vez más calmada, aunque lloro un poco más, y le explico que me siento una estúpida por no haber hecho nada y por llorar tanto, y por todo.
-No tienes la culpa de nada, tesoro, eso tienes que tenerlo en cuenta desde ahora.
Poco a poco, entre los abrazos y las sabias palabras de mi madre, voy dejando de llorar, aunque me siento igual de hecha polvo. Hago los deberes con la mano temblorosa y me fumo otro cigarro mientras tanto. Escucho música para intentar distraerme y leo. Entonces empieza a sonar Tristesse, de Chopin, y en el libro que me estoy leyendo atropellan a un pobre perro. Malhumorada, cierro el libro bruscamente y cambio de canción, y empieza a sonar Prosthetic Head, seguido de Reject, y me animo.
Rock para el alma. Eso sí que me ayuda.
Esa noche, después de tomarme un bol de leche caliente con cereales a modo de cena, me despido de mamá y me meto en la cama. Ha sido un día de mierda. Me duermo rápidamente; tampoco creo que pudiera soportar muchos minutos más.
sábado, 4 de agosto de 2012
Capítulo 6-Puramente
Estoy en medio de una marea de gente, la mayoría mujeres. Cada una es diferente y especial a su modo. Las hay altas, bajas, más gordas, más flacas, corpulentas, esbeltas, larguiruchas, ojos marrones, ojos verdes, ojos azules, ojos negros, ojos grises, pelo largo, corto, rizado, liso, ondulado, peinados extravagantes, painados sencillos, vestidas formales, vestidas de punkis, de hippies... Y, con tanta mujer (y también hombres) probablemente lo único que tengamos en común es el motivo de estar aquí, de tocar el silbato, de alzar las pancartas: estamos a favor del aborto, porque una mujer es la única que tiene control sobre su cuerpo.
Yo llevo una pancarta con el lema "EN CONTRA DE ABORTAR: CEREBRO NEANDERTAL" escrito con letras gruesas y negras, bien visibles. Ahora los gritos han cambiado del típico "Nosotras parimos, nosotras decidimos" por un "Alejad vuestros rosarios de nuestros ovarios", después de pasar por un "Gobierno e Iglesia con retraso: yo decido mi embarazo". Las frases las grita una chica con el pelo castaño oscuro que lleva un megáfono y parece casi tan indignada como yo. Parece que ella dirija la manifestación. Es alta y parece en forma. Diría que tiene mi edad, aunque de espaldas es difícil saberlo.
A la altura de la Calle Pelayo hay algunas cámaras de televisión, y la manifestación se vuelve más ferviente y agitada. Hay policías con mala cara vigilándonos, y uno me mira con una expersión facial que me dan ganas de atizarle con la pancarta. Grito la frase de turno más alto y alzo más la pancarta: por una mirada de asco no voy a dejar de estar indignada.
Al llegar a Plaça Catalunya estamos un rato pitando, y poco a poco la manifestación se va disolviendo. Me acerco a la chica dal megáfono.
-Estupendas frases, chica-ella me mira con simpatía.
-Bueno, lo mínimo que podemos hacer es quejarnos. Al fin y al cabo...
-Al fin y al cabo es nuestro cuerpo. Nadie excepto nosotras...
-Sí-dice, con una sonrisa-. Me llamo Lara, ¿y tú?
-Maya. ¿Vamos a tomar algo?
-Bueno, yo tengo que ir a mi casa y dejar el megáfono... Y luego tengo que ir a trabajar.
-¿Trabajas? No pareces mayor que yo...
-Bueno, ya tengo los dieciséis, y con la crisis... Las cosas no están muy bien.
-Oh... ¿Dónde trabajas?
-Es como un café... En fin. Si tienes tiempo quedamos aquí en una hora y me acompañas.
-Perfecto-digo, y tras despedirme momentáneamente voy a casa. Dejo la pancarta y me pongo ropa más abrigada: un jersey morado, una bufanda gris y unos tejanos. Me pongo los botines y preparo la gabardina negra y meto las llaves de casa y algo de dinero en el bolso, sin vaciarlo previamente. Mamá está haciendo horas extra, así que no volverá hasta las diez. Me preparo pasta con tomate para cenar y le dejo algo preparado a mamá. Después salgo y espero en el lugar acordado, hasta que veo a Lara llegar. Vamos andando, y ella me explica su situación familiar.
-Bueno... Vivimos en un piso pequeño, sí. Mamá es cajera en un supermercado y papá es peluquero. No nos llega para fin de mes, así que yo trabajo por las noches de camarera. Mis padres llegan muy cansados a casa y aún tienen que cuidar de ella, aunque yo la cuido toda la tarde. Tiene cinco años y, bueno... Alguien tiene que ahcerse cargo. Así que después de cenar llega mi padre, o mi madre, y yo me voy a trabajar... Bueno, ya hemos llegado.
Alzo la vista y no me lo puedo creer. Es el bar donde yo voy siempre. Le cuento que vengo muy a menudo, y que nunca la he visto. Ella va a cambiarse y yo entro, y entondes vislumbro unos ojos de infarto, que andan entre verdes y marrones que aún no me han visto. Corro al baño y me miro. Me paso los dedos por el pelo para peinarme un poco. Abro el bolso y me alegro de no haber revisado el bolso porque encuentro el pintalabios rojo que olvidé sacar el otro día. Salgo y me acerco a la barra, donde veo a Lara vestida con el vestido negro y el delantal blanco que constituye el uniforme femenino de la cafetería. Me acerco a la barra.
-Te queda bien el rojo.
-Y a ti el uniforme.
-¿Qué te pongo?
-Un batido de chocolate.
-¡Marchando! Me alegro de que no pidieras nada con alcohol-dice, mientras me sirve-. Lo siento mucho, me encantaría servírtelo pero no puedo...
-¿Por qué?-voz suave y profunda. Me giro y veo a Lucas, que vuelve a mirarme de ese modo que casi me hace temblar. Le lanzo una mirada breve y significativa a Lara.
-Porque es más caro que un batido de chocolate y no lleva dinero suficiente-me salva. Sonrío agradecida y ella se pone a lavar unas copas.
-Bueno...
-Sí...
-¿Batido de chocolate?
-Igual lo que quiero es tirártelo pro encima-digo, mientras me lo bebo rápidamente-. ¿Qué haces aquí?
-Lo mismo que tú.
-¿Tomarte un batido ya que acabas de conocer a la camarera, que es simpatiquísima, en una manifestación?
-¿Qué?
-Nada...-suspiro y ponglo los ojos en blanco.
-El jazz y el blues. Trabajo en un periódico. Tengo una colección de películas en blanco y negro.
-¿Tienes algo de Los Hermanos Marx?
-La duda ofende-declara, con una sonrisa.
-Eh, que va a cantar-dice Lara mientras sube una pareja idéntica que se presentan como gemelos. Cantan This is the last time, de Keane. Parece que todo el mundo que sube a cantar lo hace bien. Me pregunto si subiré algún día, pero no hace falta preguntarme mucho más porque en cuanto acaban de cantar, Lara sube al escenario y me presenta.
-¿Qué? ¡No, no puedo hacerlo!
-Me has dicho que te gustaba cantar.
-Sí, pero no delante de tanta gente... Si ni siquiera sé si lo hago bien-no tengo tiempo de protestar más porque Lucas me empuja hacia el escenario. Me pongo pálida ante ese montón de gente y desesperadamente busco algo cantable entre mi repertorio de canciones memorizadas. Opto por un socorrido Heaven Help, de Lenny Kravitz. Carraspeo disimuladamente, tomo aire y cierro un poco los ojos mientras la música empieza a sonar. Empiezo a cantar suavemente, imaginándome que lanzo mi voz hacia la puerta. Miro discretamente hacia Lara y Lucas, que no pierden detalle. Después paseo mi mirada por el público, silencioso y con los ojos puestos en mí. Sonrío, parece que no desagrado a la gente. Agarro el micrófono y canto con más confianza. Cuando llega el puente cierro los ojos y me imagino que estoy sola. Escucho cómo suena mi voz, proyectada desde la garganta, y siento como si estuviera cantando sola en mi habitación. Cuando abro los ojos voy por la mitad del último estribillo y voy apagando mi voz hasta el final de la canción. Hay un instante de silencio. Me aclaro la garganta con una tos provocada y doy las gracias por escucharme. La gente de toda la sala me aplaude, y cuando voy hacia Lara, la veo con una sonrisa radiante.
-¡Chica! ¡No he escuchado a nadie como tú! ¿Cómo lo haces?-noto que se me suben los colores a las mejillas. Entonces veo a Lucas, con un brillo especial en los ojos, sonriéndome.
-Ya tengo nueva cantante favorita.
-Tampoco es eso...-digo, más que halagada por el comentario.
*****************************************************************************************
Llego a casa animada y alegre por la velada. He estado hablando todo el tiempo con Lara y Lucas sobre todo. Me he reído como hacía tiempo que no reía, y ahora me siento feliz y relajada, en especial por la pequeña despedida con Lucas. Estábamos fuera, yo ya me iba, pero seguíamos hablando.
-Bueno, me voy.
-¿Volverás?
-¿Te interesa?
-Quiero escucharte. Me he enamorado de cómo cantas.
-Tu música está en tus ojos-le he dicho, sonriente, y cuando él se inclinaba para besarme la mejilla he girado un poco la cara y le he besado la comisura. Después he vuelto a mirarle los ojos y me he ido, sintiéndome la persona más feliz en la Tierra.
Ahora estoy delante de un té humeante. Mi madre también bebe una infusión. Me contó una vez que ella de joven fumaba, pero que un día decidió dejar de hacerlo y, con esfuerzo y paciencia, logró dejarlo. Después me dijo que había cambiado la nicotina por la cafeína y la teína... Y me parece que yo voy por el mismo camino.
Empieza el telenoticias: el Gobierno dice, el Gobierno piensa recortar, el Gobierno prohíbe... Y después de tanta charla sobre política, aparece una noticia sobre las manifestaciones. Cuando Barcelona sale en pantalla, se me ve a mí tan idignada que casi parezco furiosa, blandiendo la pancarta y coreando. Mamá me sonríe y me dice que está orgullosa de que haya acudido. Añade que todo el mundo podrá ver la indignación de una chiquilla.
En la tele pasan a preguntarle a la gente sus opiniones. Madrid, Ciudad Real, Badajoz, Pamplona, A Coruña, Murcia y Barcelona. Aparece en pantalla una chica de mi edad, de enormes ojos marrones y melena castaña oscura, con el pelo recogido en una cola, una chaqueta forrada por dentro y una camiseta con el nombre de OutKast escrito.
-¡Es Lara!
-¿Quién?
-¡Lara, es Lara!
-Lara... Me suena mucho...
-¿Qué piensa la juventud barcelonina?
-Schopenhauer dijo que las mujeres son animales de cabellos largos e ideas cortas. Pues bien, si es cierto que la Humanidad ha avanzado algo, esta idea estúpida que ronda por la cabeza de los mandatarios del Gobierno y la Iglesia tiene que desaparecer. Somos capaces de hacer lo mismo que un hombre. Nuestro cuerpo no le pertenece a nadie, sólo a nosotras, y la mujer decide qué hacer con él. Somos mujeres; ¡somos personas!-son las fuertes palabras que le dedica Lara a la cámara. Yo me deleito y babeo, sintiendo una profunda admiración hacia mi nueva amiga.
-¡Es increíble!-exclama mamá.
-Sí, lo es-digo yo, contentísima-. Nos hemos conocido en la manifestación, y ahora...
-¡Ya sé quién es!-me interrumpe mamá-. ¡Cómo olvidarla!
-¿Qué pasa?
-¡Esta niña ayudó a nacer a su hermana! ¡Ella atendió a su madre mientras llegaba la ambulancia! ¡Y es la hija de un antiguo compañero de mi instituto!
-¿¡Qué, la conoces?!
Entonces suena el teléfono: papá me ha visto en el telediario. Me felicta y después hablamos un rato. Antes de colgar, me dice:
-Una muy buena frase. Y, cariño...
-¿Qué?
-Estabas preciosa.
-Gracias, papá. Buenas noches.
-Buenas noches, princesa.
Entonces mamá me explica mejor lo de Lara. Su padre y ella eran amigos, y perdieron el contacto con el tiempo, pero con el nacimiento de la hermana de la chica volvieron a reencontrarse y ahora hablan más a menudo. Además, resulta que, cuando la madre de Lara daba a luz, la ambulancia tardó en llegar porque había habido un incendio, y ella-Lara-ayudó a su madre a parir... Entonces yo le explico que ahora son amigos, y todo lo de cantar-exceptuando a Lucas... Eso me lo guardo sólo para mí.
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