Esto de salir con Lucas me ha sentado como un chute de adrenalina, energía y felicidad inacabables. Rindo mucho más en el colegio, estoy mejor en casa y no puedo parar de sonreír. Incluso la ansiedad por dejar el tabaco se reduce, y hay días en los que ni siquiera enciendo un cigarro. Me siento feliz, feliz, feliz, tanto que ni me molesto en pensar en Clara o en Ana. Estoy contenta como no lo he estado en mucho tiempo, y eso me hace ser más alegre y, en fin, es un ciclo de alegría interminable.
-No dejas de sonreír. ¿Te ha tocado la lotería o algo?-me dice Eric, que parece curioso ante tanta sonrisa mía.
-No... Bueno, no. Sabes... ¿Te acuerdas del chico que estaba en la puerta de casa el otro día?
-Sí-dijo. Suspiré.
-Bueno, pues el caso es que me lleva gustando desde hace... Desde hace bastante-dije. Carraspeé-. Y ahora, por fin... Estamos juntos y... estoy muy... contenta-acabé, notando que las mejillas me ardían-. Oye, no quiero seguir hablando de chicos contigo, que es muy extraño-me río, y le doy un puñetazo suave en el hombro. Él sonríe.
-Sí, será mejor que sí. Oye, ¿quieres ir al cine un día de estos?
-¿Qué? Sí, claro, por supuesto. Pero ahora tengo menos tiempo, ya sabes, entre las clases de canto y Lucas...
-Ya. Bueno, llámame esta tarde y concretamos.
-Claro.
Como no tengo deberes, me paso toda la tarde en el café, hablando con Lara. Hoy sale antes, así que nos vamos a pasear y acabamos subidas en un sauce en el parque, junto al lago. Le cuento la buena nueva, y ella la acoge festejando mucho, y aplaudiendo, y riendo y dándome achuchones. Le pregunto por sus cosas y me explica que está empezando a dar clases particulares de matemáticas, física y química y francés.
-¿No vas un poco estresada?
-No. Estos días trabajo menos, porque como no hay vacaciones hay menos clientes, entonces tengo tiempo para las clases y para estudiar.
-Igual te pido ayuda.
-Para ti sería gratis-dice, sonriéndome.
-¡Ah, no! ¡Necesitas ese dinero!
-Qué más da...-dice, con una risita, y después suspira.
-Eh, eh, eh... Eso de suspirar es totalmente nuevo-digo, arqueando una ceja con precisión. Ella sonríe y suspira otra vez.
-Creo que me estoy enamorando.
Obviamente, le hago una batería de preguntas: quién es, cómo es, desde cuándo, cómo es que estás enamorada, quieres salir con él, él te quiere a ti, etcétera etcétera.
-No, no. A ver... No creo que le guste. Es que es muy simpático y siento que con él me entiendo a la perfección... Y además, es muy guapo, y...-descubro que se llama Gabriel, que es de la edad de Lara y que se conocen desde siempre, y más cosas que no necesito saber pero que estoy encantada de que ella las comparta conmigo. Cuando acaba de relatar todas las exquisiteces de este chico, suspira y se deja caer por la corteza, llenándose el pelo de trozos de árbol. Yo salto tras ella y vamos caminando hacia su casa. Nos despedimos y, mientras vuelvo a casa de mamá, llamo a Eric.
-¿Sí?
-Hola-digo, alegremente.
-¡Hola!-dice él. No sé por qué, intuyo que sonríe. Quizás por el tono de su voz.
-¿Cómo estás?
-Bien, bien, claro. ¿Y tú?
-Yo muy bien. Oye, sobre lo del cine, ¿cuándo quieres que...?
-A mí, en principio, me viene bien el viernes.
-El viernes es lo del "fiestorro" ese-digo, ironizando. El viernes se ha organizado la Fiesta de Primavera del colegio. Es de noche, en el gimnasio, y se supone que TODOS tenemos que ir. Estoy pensando con qué falsa enfermedad me voy a excusar.
-¿Quieres ir?
-¡No!-me río-. Al cine sí, pero al instituto no.
-Ya, bueno... No sé si sabes una cosa que me ha dicho el profesor de música.
-¿Qué?
-Evaluará a la gente en un karaoke que habrá y...
-¿Y?-digo, intrigada. Me llevo muy bien con el profesor de música, y está claro que su asignatura es mi preferida.
-Y está preparando un concierto con la Escuela de Música para la Fiesta Mayor, y escogerá al mejor para que cante delante de todo el barrio-suelta.
-¿¡Que QUÉ?!-grito. Después me disculpo por reventarle el tímpano-. Qué dices...
-Sí.
-Pues mierda. Tendré que ir-pienso-. Mira, hacemos una cosa: vamos a comer y a la primera sesión del cine, salimos a las cinco y cada uno a su casa, porque yo me tengo que preparar, y supongo que ya nos veremos allí.
-Está bien. Nos vemos mañana.
-Adiós-me despido.
-Adiós.

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